Possidonio da Costa



Biografía




Possidonio da Costa tenía antecedentes, pero parecía el más activo. También operaba en la plaza de Buenos Aires desde principios del siglo. Hacia 1801 le vendía un bergantín a Juan de Silva Cordeiro, otro lusitano establecido en Buenos Aires desde unos años atrás, quien se dedicaba al tráfico de negros junto con Tomás Antonio Romero.

No consiguió averiguar más de lo que sabía; pero puso vigilancia a los agentes portugueses – Güezzi, Contucci, Possidonio da Costa y Pedro Antonio Alvarez, que debieron alejarse con prudencia. No pudo hacer lo mismo con los ingleses.

Ante esa intromisión, el Juzgado de Vigilancia, entró en una explicable
atonía (flojedad). Contucci, Possidonio y Alvarez volvieron a Buenos Aires a seguir sus informes y mantener el fuego agonizante del carlotismo. Cisneros comprendió que no podía combatir las actividades de quienes eran los dueños virtuales de la política española y tampoco molestar a sus aliados. Otra vez se sintió en Trafalgar.

Una campaña iniciada a la llegada de Cisneros, había imputado a la “Junta Central” hallarse entregada a los franceses y venir el nuevo Virrey a asegurar el dominio de José I. La especie recogida más o menos de buena fe por quienes quisieron en julio de 1809 formar la “Junta Conservadora de los derechos del señor Fernando VII” fue lanzada por los agentes portugueses Contucci y Possidonio da Costa. Esta campaña continúo a pesar del alejamiento temporario de los espías al crearse el Juzgado de Vigilancia y llegó a convencer a muchos.

Fue así que la corona portuguesa mantuvo en forma permanente un canal de comunicación con varios comerciantes portugueses que encontraban en la ciudad desde varios años atrás. Entre ellos, los comerciantes de ultramar Pedro Antonio Álvarez, Possidonio da Costa y Antonio Luis de Lima, entre otros.

En el padrón de 1804 figuraba en la lista de expulsados, no obstante lo cual permaneció en la ciudad y fue nuevamente empadronado en 1807, argumentando pleitos por negocios. De ahí en más, este portugués tuvo una activa agenda en el tráfico de esclavos, que vinculaba fundamentalmente a Buenos Aires con Bahía de Todos los Santos. En los expedientes del Consulado, su nombre aparece como apoderado de portugueses residentes en Bahía, en relaciones mercantiles con otros comerciantes que se hallaban en Buenos Aires en calidad de transeúntes y vinculado con varios lusitanos establecidos en la ciudad.
Finalmente, en el padrón de 1809 aparece como traficante de negros, con más de 50 años de edad y 8 de residencia.

Para Possidonio da Costa, la creciente animosidad en contra de los portugueses hacía que su labor como informantes fuera cada vez más difícil: “ por la experiencia que me ha hecho conocer que este Pueblo posee una amigable inconstancia, la que unida al mortal odio que profesa a la Nación Portuguesa, puede hacer conocer bien cuál será la consecuencia. En estos términos ve V. Excelencia que todos nos ocultan las cosas, mirándonos desde ya como enemigos y que cuanto más se vayan reconciliando, menos conductos nos quedan para saber al grado que llegan sus diligencias, si bien lo esperamos saber por algunos que piensan como es debido.” Carta de Possidonio da Costa a Rodrigo de Souza Coutinho, Buenos Aires, abril de 1809.

“La notoria poca armonía de esta Capital con Montevideo, me ha hecho encontrar muchas oposiciones a mi comercio y hecho pasar por grandes disgustos, pero los buenos consejos del Sr. Possidonio y diversos avisos para el Sr. Virrey me hacen alentar la esperanza, que de alguna forma podré conseguir el desembarco de las mercaderías que traje conmigo.” Carta de Guillermo Midosi a Rodrigo de Souza Coutinho. Buenos Aires, 25 de noviembre de 1808.
Según da Costa, a los involucrados no les extrañaba que se pensara en expulsarlos de la ciudad, “por acordarnos del recelo que debíamos causar al observar sus movimientos y que todo avisaríamos infaliblemente” Carta de Possidonio da Costa al conde de Lindares. Buenos Aires, 24 julio de 1810.

El desastre de las fuerzas de Buenos Aires en Huaqui, el 20 jun. 1811, lo obligó a retirarse a Potosí. Aquí salvó los caudales de la Casa de Moneda y huyó a Jujuy. Nombrado comandante en jefe del ejército del Norte, entregó poco después el cargo al general Manuel Belgrano (v.). Como miembro de la junta Ejecutiva o Triunvirato, en 1812, tuvo que reprimir, contra su voluntad, la llamada conspiración de Martín de Alzaga, cuya realidad no se ha comprobado, pues había otras dos conspiraciones que desorientaron a las autoridades: la del recién llegado José de San Martín y la de los comerciantes portugueses dirigidos por Possidonio da Costa. Más de 40 españoles fueron ejecutados sin tener ninguna culpa. La conspiración de San Martín estalló el 8 oct. 1812. P. fue confinado en San Luis. En 1815, fue ascendido a coronel mayor y elegido diputado en el Congreso reunido en Tucumán. El 3 mayo 1816, el Congreso designó a P. Director Supremo de las Provincias Unidas.


Juan José Castelli y la libertad de América

El conjunto de los patriotas Revolucionarios de todo el Virreynato del Plata y partes del Perú, estaban en contacto con el grupo de Buenos Aires –capital del Virreynato- comandado por Juan José Castelli. Castelli. Don Juan José, tenía contactos estrechos vía epistolar o por medio de agentes, con grupos revolucionarios de Córdoba, Charcas, La Paz, Mendoza, Santiago de Chile, Concepción, Asunción del Paraguay (Gaspar Rodríguez de Francia era su especial amigo y condiscípulo cordobés), Villa de la Concepción y Quito (con Juan Pío Montúfar). Por medio de ‘inofensivos comerciantes’ como Gómez Orquejo se contactaba con Cuyo y Chile. Por medio de Feliciano Chiclana con Potosí y Chuquisaca. José de María lo vinculaba con el Paraguay. Con Quito por medio de Antonio Álvarez Jonte, que vivía en Chile. Por medio de Saturnino Rodríguez Peña y Padilla, residentes en Río de Janeiro se comunicaba directamente con Francisco de Miranda. (92)(pag13) ‘Urge realizar una historia global de la generación de la independencia, una historia que por lo menos comprenda la actividad de los revolucionarios del Plata. Sólo entonces surgirán Castelli, Moreno, Martínez de Rosas, García Lanza, Fernando de la Mora y Mariano Antonio Molas, con su verdadero relieve. Ha sido hecha añicos la tentativa de explicar la revolución como una gran improvisación, o mejor dicho como una serie de improvisaciones, continuados y sucesivos “palos de ciego”, para emplear la gráfica expresión de Groussac. Los nuevos documentos van confirmando en forma indubitable que los revolucionarios tuvieron desde la partida un único norte, una exclusiva meta: la independencia. En su busca actuaron en forma realista: inflexibles en el objetivo, flexibles en el procedimiento. Tenían que derribar una construcción sencillamente monumental, y para hacerlo, recurrieron a todos los medios y a todas las armas, y trajinaron por rutas, caminos o picadas, a veces de cara al sol, a veces al amparo de la noche, y, con un plan, con una organización, con un método. Sin prisa pero sin pausa. Veamos sus objetivos cardinales. En lo Internacional: Obtener el apoyo de las potencias extranjeras sin sacrificarse ni menos someterse a ellas [no cambiar de amo]. En lo político: aprovechamiento de la crisis hispana para liberar el continente. En lo jurídico: caducidad del poder español, ruptura del vínculo colonial por falta de soberano [No hay rey, la comisión cesa] Planteo de Castelli en la “Causa reservada” y en su discurso del 22 de mayo. En lo social: Política de mejor distribución de la riqueza, incorporación de las masas a la vida americana, redención del indio. En lo económico: Fomento de la riqueza y el progreso; sustitución del monopolio por el libre cambio. En lo militar: Supresión del absurdo y atrasado sistema de las milicias por la conscripción. Fortalecimiento de unidades patricias para hacerlas pivote de la revolución [Creación del regimiento de patricios]. Cúpula del edificio: la absoluta independencia, según el juicio imparcial de las altas autoridades españolas [Cisneros, Elío, Salazar, etc.], los observadores ingleses y los informantes portugueses [Possidonio da Costa, Contucci, etc.]. El partido que busca la transformación: el de los patriotas. El jefe indiscutido: Castelli [juicios de Posadas, Monteagudo, Rondeau, Nicolás Rodríguez Peña, David de Forest y otros]. Sus principales miembros: Manuel Belgrano, Saturnino y Nicolás Rodríguez Peña e Hipólito Vieytes.


Contucci establecía con precisión la atmósfera de los sucesos y describía con claridad los diferentes grupos de actores: “pocos, o bien están prontos a reconocer cualquier dinastía, sea francesa, española, o musulmana, mientras puedan conservar sus puestos y empleos, y continúen las restricciones coloniales; otros desean un gobierno que de esperanzas de reformas a la administración, y que se proscriban toda clase de restricciones”. “Este último partido es el más numeroso, pero sin influencia, en razón de la discrepancia de sus planes y proyectos. Aquel muy inferior en número, prevalece en razón de la unidad e identidad de sus vistas e intereses, y de su riqueza; el gobierno y los comerciantes forman este partido dominante. Los agricultores, hombres de letras y eclesiásticos forman aquel sin influencia. La turba sigue los impulsos de quien le paga con dinero y no con palabras. Si el partido más débil llegase a equilibrar el poder y la influencia del más fuerte, se produciría una lucha que haría necesaria la mediación armada de la Corte del Brasil”.

Possidonio da Costa, cuyas cartas esclarecen los sucesos, envía a Ministro un oficio revelador. En él refiere los acontecimientos asombrosos de los días 18 y 21 de mayo, con sus inmensas consecuencias. “El partido de la Independencia fue el que más trabajó y trabaja, en quien se observa el mayor placer Teniendo la habilidad de vencer y unirse a los europeos, y afirman que va seguir la Independencia, de común acuerdo ”. “Van a convocar a las Cortes llamando a ellas a los arribeños, con la intención de formar junta”. “Los locos dicen que han de ser independientes, por tener la protección inglesa que esperan a la brevedad. No sé si Saavedra o el Cabildo los seguirán y entonces tendrá comienzo el desorden si el gran Dios no nos protege":


El Capitán Possidonio da Costa, espía al servicio de la corte del Brasil, escribía al Conde de Lindares en fecha 3 de julio de 1810, que los mercedarios eran muy adictos a la Revolución, que el Comendador motejaba en el Cabildo a los partidarios del Virrey y festejó solemnemente el triunfo del 25 con una fiesta que duró días, con engalanamiento e iluminación del edificio de su convento.

No fueron sólo Mercedarios los religiosos que se destacaron como protagonistas en las jornadas que gestaron nuestro primer Gobierno Patrio. El espía al servicio de la corte de Río de Janeiro, Possidonio da Costa afirma que en el convento dominicano porteño se reunían los patriotas que preparaban el movimiento

Lo indudable es que S. M., afiliado a la logia n° 3 de Cádiz y cofundador de la n° 7 de Londres, que en otras épocas se suponía fundada por Miranda, pasó a América para luchar por la independencia. Embarcó en enero de 1812 en la fragata George Canning y llegó a Buenos Aires el 9 de marzo. La junta ejecutiva compuesta por Rivadavia, Pueyrredón y Chiclana lo empleó inmediatamente y encomendó la formación del cuerpo de Granaderos a caballo. S. M. y sus amigos fundaron enseguida la sociedad secreta, semejante a la de Cádiz, logia Lautaro, y empezaron a conspirar en contra del triunvirato de Bernardino Rivadavia, Juan Martín de Pueyrredón (v.) y Feliciano Antonio de Chiclana, que se había atraído el odio del pueblo, especialmente por la forma despótica con que gobernaba Rivadavia. Al mismo tiempo, el rico comerciante portugués Possidonio da Costa preparaba otra revolución para hacer reinar en Buenos Aires a la infanta Carlota Joaquina, mujer del regente de Portugal y hermana de Fernando VII, que se hallaba en Río de Janeiro. El Gobierno oyó hablar de estas conspiraciones y supuso que existía una conspiración dirigida por Martín de Alzaga, el héroe de las invasiones inglesas. Lo tomó preso y ejecutó a las pocas horas. Lo mismo hizo con otros 40 españoles inocentes. La conspiración de Alzaga, en otras épocas admitida como auténtica, hoy es negada por muchos historiadores argentinos. Lo indudable es que los cuerpos de los fusilados y colgados de la horca horrorizaron a la ciudad. El 8 oct. 1812 estalló la revolución capitaneada por S. M., Alvear, Monteagudo (v.) y otros políticos. El Triunvirato fue derribado, y ahí comienzan las diferencias entre S. M. y Rivadavia. En cambio, se estrechó la amistad de S. M. y Pueyrredón, pues ambos pertenecían a la misma sociedad secreta.

























Bibliografía

http://nuevomundo.revues.org/53842#ftn23

http://www.canalsocial.net/ger/ficha_GER.asp?id=2868&cat=biografiasuelta

http://www.avizora.com/atajo/colaboradores/textos_alberto_lapolla/0016_invasion_revolucion_3.htm

http://grupos.emagister.com/debate/semana_de_mayo/1493-36939

http://merced.org.ar/dinamico/index2.php?option=com_content&do_pdf=1&id=81