Marcelino Pelliza


Marcelino Pelliza. Marcelino pelliza vivió en la uruguaya Calera de las huérfanas y fue cura de dolores desde 1801 a 1802, bautizando en mercedes en 1803; esta época es la del “resurgimiento” de la cercana “santo domingo soriano”. En 1803 aparece asignado al de buenos aires, así como en 1807 y en 1811. Cura de Gualeguaychu en 1814, a el se dirigió el gobierno bonaerense pidiéndole influyera para que José G. Artigas “no los seduzca y permanezcan unidos a Buenos Aires (todos sus seguidores)”. Seria fusilado por sus actos contrarios a las ideas artiguistas, en la ciudad de San José de Gualeguaychu el 16 de abril del año siguiente, en cuyos libros parroquiales consta que: “murió de muerte desgraciada”, confesando y comulgando antes, sepultándolo el Párroco, que hizo entierro mayor y misa cantados. El 15 de abril de 1815, por orden de José Gervasio Artigas, en la actual esquina de calles San José y San Juan, fue fusilado el Padre Marcelino Pelliza. El cuerpo fue sepultado en el cementerio, donde se encuentra actualmente el templo parroquial San José. En 1851 comienza el traslado de los restos al cementerio del oeste, donde hoy funciona el Hospital Centenario. Un día se resolvió que los familiares trasladaran a sus muertos, lo que originó una imponente procesión por las calles. El cajón del Padre Pelliza tapizado de bayeta negra y llevado por niños, encabezaba la solemne marcha. Los restos fueron depositados en la capilla de San Justo y San Pastor de la nueva necrópolis (la que fue demolida por orden municipal en 1889). En la casa donde fue fusilado Fray Marcelino, permaneció por más de un siglo la tosca cruz de madera, sin inscripción, que se colocara aquel ingrato viernes de abril. Así respetaron las generaciones el sentido recuerdo del sacerdote dominico que sabía llegar no mucho antes del mediodía, a caballo, para dar la misa. Así supo conservar el pueblo, por años, la reverencia hacia su cura, el Padre Pelliza, sin olvidar por otras primaveras ni la mágica hora de su esperado regreso ni su muerte de otoño.

Lugares en homenaje o por donde estuvo o pasó Marcelino Pelliza:

Solar de los Haedo: La construcción más antigua de la ciudad (1800) paredes simples, anchas; ventanas hundidas con rejas de hierro y persianas de madera. Sus primeros dueños fueron José Borrajo y Andrés Doello, éstos en cumplimiento de una promesa, trajeron a pie desde los campos (a 20 Km de la cuidad) la Virgen del Carmen. Paso allí su última noche de vida el sacerdote Fray Marcelino Pelliza, condenado a muerte y fusilado el 15 de Abril de 1815. En 1845, invadida y saqueada la ciudad por Giusseppe Garibaldi, este solar sirvió de cuartel y en la azotea se emplazó un cañón dirigido a la casa del Coronel Villagra..
Ubicación: San José y Rivadavia.


Azotea de Lapalma: Construida en 1830, allí paso sus últimos días el primer médico de GUALEGUAYCHÚ, Juan Lapalma. Olegario Víctor Andrade y sus hermanos, Úrsula y Wenceslao, vivieron en esta finca su niñez; en ella dejo de existir Isabel Fruto, la que murió de amor.
Los Lapalma, tradicional familia de GUALEGUAYCHÚ, convirtieron su casa en un centro de amistad, donde confluyeron entre otros personajes ilustres Justino de Urquiza, Emilio Mitre, el Gral. Manuel a. Urdinarrain y el Gral. Manuel A. Palavecino entre otros.
Ubicación: San Luis y Jujuy


Teatro Gualeguaychú: el edificio es del más puro estilo francés. Fue inaugurado el 14 de Julio de 1914, a sala completa, con la presentación de la ópera Aída de Verdi.
Tiene capacidad para 644 personas. Desde el 22 de diciembre de 1994 depende de la municipalidad; actualmente es utilizado para la realización de diferentes actos culturales.
Ubicación: Urquiza 705
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Museo Arqueológico Prof. Manuel Almeida: completa e interesante muestra de piezas arqueológicas de las culturas aborígenes que habitaron nuestras tierras: Charrúas Chanáes y Guaraníes. Se encontraron en la zona del bajo Uruguay y pre-Delta.
Ubicación: 25 de Mayo 734

Casa de Andrade: construida en la primera mitad del siglo XIX, perteneció al poeta Olegario Victor Andrade, quien la habitó con su familia, La construcción -que ha sido mejorada- conserva su estructura primitiva, típica de la época colonial, asentada en barro y con techo de tejas a dos aguas. Paso a ser municipal en 1961. Actualmente es un lugar destinado a actividades culturales y artísticas.
Ubicación: Andrade y Borques

Monumento a los Antepasados
Capilla de la Virgen del Rosario: situados en el primitivo emplazamiento de la Villa San José. El monumento de piedra cuya inscripción reza "Cuna de Gualeguaychú, descanso de sus fundadores" fue inaugurado el 8 de julio de 1945. A su lado, se levantó posteriormente la Capilla llamada La Fundadora, donde se venera la virgen de Nuestra Señora del Rosario, patrona de la ciudad junto con San José.
Ubicación: Suburbio Sur

Catedral San José: en el año 1862 el padre Vicente Martínez organizo la primera comisión para la construcción del Templo Mayor. La piedra fundamental fue colocada el 30 de mayo de 1863, con el padrinazgo del General Urquiza, por ese entonces gobernador de la provincia. Fue inaugurada en 1890 por el cura párroco Luis N. Palma, poeta de renombre cuya estatua se alza en la entrada del templo. En 1957 el Papa Pío XII la consagró Catedral al designar el primer Obispo. Cabe destacar que posee un órgano que cuenta con 2.200 tubos, el que fue construido totalmente en nuestra cuidad por el señor Enrico Vercelli e inaugurado en 1929.
Ubicación: San José 25

Instituto Magnasco: Institución particular, fundada por mujeres en 1898. Cuenta con valiosas colecciones bibliográficas y museológicas.
Posee biblioteca, archivo, hemeroteca, pinacoteca, monetario, medallero y galería de arte.
Ubicación: Camila Nievas 78

PUEBLOS ORIGINARIOS




Los minuanes, que habitaban nuestra región cuando llegaron de los españoles, pertenecían al grupo de pueblos charrúas. Esta etnia moraba desde hacía miles de años en una extensa comarca de lo que hoy abarca la República Oriental del Uruguay, el sur de Brasil, la provincia de Entre Ríos y especialmente las costas del río Uruguay. Eran aborígenes muy celosos a la hora de defender sus tierras, su nación, sus familias. Trashumantes dentro de su territorio, tenían, entre otras cosas, su explicación del universo, su organización social basada en el grupo familiar y sólo elegían líderes en caso de guerra. Como en toda América, la cultura propia de los nativos, su religión y su cosmogonía fueron absolutamente desconsideradas frente a la inmensa posibilidad de saqueo que intuían los europeos.





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Iglesia San Antonio. 1882.


INVASORES

Los pueblos que habitaban la actual provincia de Entre Ríos defendieron sus familias, sus costumbres, su libertad y sus tierras a tal punto que los españoles, no pudiéndolos reducir a su servicio, los exterminaron. Tarea ésta que resultó fácil pues la cultura de los nativos, valiosa en toda su dimensión humana, transitaba la edad de piedra. Los últimos que quedaban fueron abatidos en 1752. Con los supervivientes, casi todos mujeres y niños, fundó Vera y Mujica la reducción de Cayastá en la provincia de Santa Fe.

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POBLADORES EUROPEOS

Los invasores se apropiaron de las tierras y desprestigiaron la cultura que habían exterminado... Después arribaron pobladores europeos atraídos por los buenos campos.
A nuestra región venían de La Bajada (Paraná), Santa Fe, Buenos Aires, también había portugueses. Unas cien personas, con sus esclavos, se agruparon en la zona que actualmente se llama La Capilla o Capilla Vieja, en el Albardón (8º distrito), a unos quince kilómetros al suroeste de la ciudad actual.

Un vecino de la zona de La Capilla, que según una tradición oral era de apellido Méndez, levanta una capillita, era un rancho de paja y barro, en la que colocan una imagen de San Antonio de Padua propiedad del vecino D. Antonio Luna. Poco tiempo después se hace cargo de ella un humilde sacerdote, el padre Miño.

external image GUALEGUAY+DE+BOLSILLO+22.jpg "Tres Jinetes y una Vaca". Secundino Salinas. Siglo XIX.

Con el tiempo la región atrae a una población más heterogénea. Había ingleses, vascos, franceses, paraguayos y portugueses y muchos poseían esclavos negros. Como existía cierta prohibición de que las mujeres europeas viajasen a América, se fue formando una población mestiza muy variada y cada mezcla distinta tenía su nombre, por ejemplo los negros, cuando se casaron con autóctonos dieron origen a los llamados chinos. Los negros llevaban el apellido de sus dueños.

En 1778 el reglamento de libre comercio beneficia a los pobladores que instalan, a partir de ese momento, graserías, curtiembres, saladeros, fábricas de velas y jabones.

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PRIMEROS LIBROS PARROQUIALES

En 1779 el obispo Sebastián Malvar y Pinto, procedente de Montevideo, visita este territorio que pertenecía a su diócesis. Viendo la cantidad de habitantes y sus necesidades decide fundar una parroquia. Así es que tenemos libros parroquiales desde 1781. Dice Olga G. De Massoni en su libro “Gualeguay - 1765-1900”: “En el libro primero de la parroquia San Antonio se encuentran decenas de páginas donde el Cura Rector de turno ha escrito la palabra INDIO…” “Sólo fueron dueños del infortunio. Procedían, casi en su totalidad, de los diecisiete pueblos jesuíticos fundados en las cercanías de los ríos Paraná y Paraguay que albergaron alrededor de 54.000 almas... notamos la imposición de un nombre cristiano junto al apellido indígena.”
Esto ocurrió después que la Orden de la Compañía de Jesús fue expulsada del continente por el Rey de España en 1767, debido a intrigas políticas de los conquistadores sobre los sacerdotes.
Estas poblaciones guaraníticas se dispersaron en forma radial buscando formas de supervivencia. Muchos de estos aborígenes, que en la organización estatal del siglo XIX fueron llamados naturales, formaron parte de la milicia que, años después, apoyará la Revolución de Mayo. También así los descendientes de africanos mezclados en el crisol local fueron parte de los ejércitos patrios.


external image hombres+de+lazo-1.jpg "Hombres de Lazo". Cesáreo Bernaldo de Quirós. 1949.


FUNDACIÓN DE LA CIUDAD

Pero volvamos a la capillita local. El nuevo párroco, padre Fernando Andrés de Quiroga y Taboada, viendo que la capilla estaba en un sitio que se anegaba decide trasladarla a La Cuchilla, dos leguas al norte de la ciudad actual y a treinta cuadras del río. Además impone una imagen de San Sebastián en lugar de San Antonio. Estos hechos generan el rechazo en algunos pobladores y enseguida se forman dos grupos antagónicos. Ambos grupos dirigen sus reclamos al Virrey quien manda a un militar guatemalteco de servicio en Montevideo: Don Tomás de Rocamora, como comisionado componedor.

Ya por esa época, cuenta Don Tomás, en nuestra localidad los pobladores tenían la costumbre de tomar mate y comer asado. Rocamora, obtenida la aprobación del Virrey, hace desmontar la plaza y marca las calles con el apoyo del agrimensor D. Pedro Olmos.
Mientras se realizaban estos trabajos, el padre Quiroga no participó y permaneció en la nueva capilla de La Cuchilla y, en carta elevada a la superioridad eclesiástica, manifiesta que Rocamora había sometido a los vecinos a régimen militar.

Como sea, el 19 de marzo de 1783 el guatemalteco, después de la misa “que vio y pagó” a fray Hipólito Guzmán, distribuyó y posesionó a cada vecino de un cuarto de manzana en la villa, una chacra en las afueras y una suerte de estancia en los campos cercanos. Instituyó también Cabildo, Cárcel, Comandancia, Cuartel, Iglesia y hasta estableció un primer vivero...

“...para que sirviera como depósito o almácigo para repartir a aquella indócil gente”.

Así quedó fundada la ciudad de San Antonio de Gualeguay Grande.

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TIEMPOS INICIALES external image GUALEGUAY+DE+BOLSILLO+20.jpg

En este solar vivió durante seis meses Giuseppe Garibaldi en el año 1837.


Según expresa el padre Juan Vilar:

“La primer iglesia estaba situada dentro de la plaza, cerca de la actual columna central y era un rancho decorado interiormente; en el frente tenía un campanario de madera muy bien trabajada y una campana grande traída de las misiones...”

Desde el primer momento la villa contó con una escuelita de primeras letras, creada por el fundador y los primeros maestros fueron los padres dominicos José Leones y Marcelino Pelliza. También se instaló un “Puerto Barriles” sobre la costa del antiguo trazado del río, entre las actuales calles San Antonio Y Monte Caseros.

Ya en 1591 se había otorgado la autorización para introducir los primeros esclavos en el Río de la Plata:

“Por Buenos Aires se introdujeron entre 1597 y 1607 cinco mil seiscientos treinta y nueve esclavos siendo uno de los principales centros en expansión de importación de negros.”

Se puede decir entonces que por las calles de Gualeguay también corre sangre de origen africano.

En 1808, durante las invasiones inglesas, se le ordenó a D. Josef de Urquiza, Comandante General de Entre Ríos, defender la ciudad de Montevideo. En esa oportunidad Gualeguay contribuyó con sesenta y ocho hombres bajo las órdenes del capitán Nicolás Taborda. Éstos no alcanzaron a entrar en la lucha pues llegaron a Montevideo cuando ésta ya había caído en poder de los ingleses.

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Monumento a Rocamora en la plaza homónima, frente al cementerio. Año 1953.