Juan Larrea

Juan Larrea (1782 - 1847)


De nacionalidad española, tambien se creia larrea.jpg era de Balaguer, Lerida. Fue uno de los fundadores del escuadrón "Voluntarios de Cataluña", con el que actuó heroicamente durante las Invasiones Inglesas de 1806-1807. En 1806 fue miembro del Cabildo, y desde 1808 hasta 1809 Síndico del Real Consulado. Se lo desterró por haber participado en el movimiento del 01-01-1809 dirigido por Martín de Álzaga (1756; 1812), un español que había luchado heroicamente contra los invasores inglese en 1806-1807, pero que en 1812 se alzó contra el poder, por lo que fue ajusticiado.

Larrea se adhirió a la causa americana, integrándose a la sociedad secreta que funcionaba en Buenos Aires, cuyas reuniones se efectuaban en las casas de Nicolás Rodríguez Peña (1776; 1853), Manuel Belgrano (1770; 1820), Juan Hipólito Vieytes (1762; 1815), o la quinta del español Francisco Mariano de Orma (Santander, circa 1777, Montevideo, 1841). No participó del Cabildo Abierto del 22-05-1810, pero fue incluído en la Primera Junta, quien tenía sólo 23 años en el momento de su formación. El integrante más viejo era Miguel de Azcuénaga, de 55 años. La edad promedio de todos los miembros, en 1810, era de 43 años. En la este misma él (Juan Larrea) y Domingon Bartolomé Matheu eran catalanes. Se ocupó de los ramos de hacienda y comercio, apoyando la posición de Mariano Moreno (1778; 1811), lo que le valió en 1811 ser removido e internado en la provincia de San Juan, permitiéndosele regresar en 1812.

Fue Diputado por Córdoba a la Asamblea del Año XIII, y el mismo año le tocó suplir en el Triunvirato al jurisconsulto salteño -fallecido en Buenos Aires- José Julián Pérez (circa 1770; 1840). Adoptó trascendentes medidas económicas ejerciendo esas funciones, y desde el Ministerio de Hacienda que en 1814 le confiara el Director Gervasio Antonio de Posadas Posadas (1757; 1833). Pudo conseguir los fondos necesarios para financiar la escuadra del Almirante irlandés Guillermo Brown (Foxford, 1777; Buenos Aires, 1857), gracias a lo cual se creó la marina de guerra argentina.

El 5 de diciembre de 1813 reemplazó a José Julián Pérez como miembro del Segundo Triunvirato, y se unió a la Logia Lautaro, dirigida por el entonces teniente coronel Carlos María de Avlvear.

Fue ministro de Hacienda del Directorio, Gervasio Antonio de Posadas, cargo desde el cual fue el principal impulsor de la creación de la escuadra naval que comandó Guillermo Brown. Perdió buena parte de su fortuna en la formación de la flota de guerra, en parte por los manejos turbios de fondos de su apoderado, el norteamericano Guillermo Pío White. De su bolsillo formó también un batallón de caballería y financió buena parte de las necesidades de la fábrica de armamentos.

Fue ministro de Hacienda del Directorio, Gervasio Antonio de Posadas, cargo desde el cual fue el principal impulsor de la creación de la escuadra naval que comandó Guillermo Brown. Perdió buena parte de su fortuna en la formación de la flota de guerra, en parte por los manejos turbios de fondos de su apoderado, el norteamericano Guillermo Pío White. De su bolsillo formó también un batallón de caballería y financió buena parte de las necesidades de la fábrica de armamentos.

Otros frutos de sus iniciativas fueron la Ley de Aduanas de 1813, el financiamiento de los gastos de fabricación de fusiles y la creación de un batallón y una escuadra de caballería. Proyectó el restablecimiento de una Casa de Moneda en Buenos Aires. Ministro de Hacienda de Carlos de Alvear (Santo Ángel Custodio, Misiones,1789; Nueva York, 1854), la caída de éste en 1815 le costó cárcel, confiscaciones y destierro en Francia.

Regresó a Montevideo, viviendo sin problemas bajo el dominio portugués hasta 1822. Ese año regresó a Buenos Aires, dedicándose a negocios de comercio exterior, de saladeros y de extracción de tasajo. De 1828 a 1830 vivió nuevamente en Burdeos, como cónsul nombrado por el gobernador Manuel Dorrego.

Tratando de rehacer su fortuna se abocó a las actividades comerciales. Uno de los próceres de la Independencia argentina, Manuel Dorrego (1777; 1828) lo nombró cónsul argentino en Burdeos, de donde retornó a Buenos Aires en 1830, en que trajo consigo el acta de reconocimiento de nuestra independencia por parte del gobierno francés. Adverso al régimen del Brigadier General Juan Manuel de Rosas (Buenos Aires, 1793; Southampton, 1877), Larrea, pobre en absoluto y completamente deprimido, en un momento de su abatimiento, pesimismo y desesperación, por culpa de Rosas que hace lo necesario para que el almacén naviero de Larrea sea llevado a la ruina, cargándolo de impuestos y multas. Tras varias peripecias comerciales, algunas en Buenos Aires y otras en Montevideo, pobre y abatido por amargas decepciones y sufrimientos, se suicida el 20 de junio de 1847 en un momento de desesperación.

Primera Junta:

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25 de mayo 1810


Durante la etapa virreinal, España mantuvo un férreo monopolio con sus colonias americanas, impidiendo el libre comercio con Inglaterra, beneficiaria de una extensa producción manufacturera en plena revolución industrial. La condena a la intermediación perpetua por parte de España encarecía los intercambios comerciales y sofocaba el crecimiento de las colonias. La escasez de autoridades españolas y la necesidad de reemplazar al régimen monopólico, sumado a las convulsiones que se vivían Europa tras la invasión napoleónica, llevaron a un grupo destacado de la población criolla a impulsar un movimiento revolucionario.

Para febrero de 1810 casi toda España se encontraba en manos de los franceses. Un Consejo de Regencia gobernaba la península en nombre de Fernando VII, prisionero de Napoleón. El 13 de mayo de 1810 llegaron a Buenos Aires las noticias de la caída de la Junta Central de Sevilla, último bastión del poder español.

La autoridad que había designado al virrey Baltasar Hidalgo de Cisneros había, por tanto, caducado y la propia autoridad del virrey se encontraba cuestionada. Pronto Cisneros debió ceder a las presiones de las milicias criollas y de un grupo de jóvenes revolucionarios y convocó a un Cabildo Abierto para el 22 de mayo de 1810. El Cabildo, dominado por españoles, burló la voluntad popular y estableció una junta de gobierno presidida por el propio Cisneros. Esto provocó la reacción de las milicias y el pueblo. Cornelio Saavedra y Juan José Castelli obtuvieron la renuncia del ex virrey.

El 25 de mayo, reunido en la Plaza de la Victoria, actual Plaza de Mayo, el pueblo de Buenos Aires finalmente impuso su voluntad al Cabildo creando la Junta Provisoria Gubernativa del Río de la Plata integrada por: Cornelio Saavedra, presidente; Juan José Castelli, Manuel Belgrano, Miguel de Azcuénaga, Manuel Alberti, Domingo Matheu, Juan Larrea, vocales; y Juan José Paso y Mariano Moreno, secretarios. Quedó así formado el primer gobierno patrio, que no tardó en desconocer la autoridad del Consejo de Regencia español.

Hemos elegido algunos extractos del pensamiento de Mariano Moreno, uno de los más esclarecidos patriotas de la Revolución de Mayo, donde reivindica valores todavía vigentes como la importancia de la instrucción y la educación como método contra las tiranías, la necesidad de vigilar la conducta de los representantes, los reparos ante las injerencias del extranjero y la necesidad de una organización federal en el gobierno.

“El oficial de nuestro ejército después de asombrar al enemigo por su valor, debe ganar a los pueblos por el irresistible atractivo de su instrucción. El que se encuentre desnudo de estas cualidades redoble sus esfuerzos para adquirirlas, y no se avergüence de una dócil resignación a la enseñanza que se le ofrece, pues en un pueblo naciente todos somos principiantes, y no hay otra diferencia que la de nuestros buenos deseos: el que no sienta los estímulos de una noble ambición de saber y distinguirse en su carrera, abandónela con tiempo, y no se exponga al seguro bochorno de ser arrojado con ignominia: busque para su habitación un pueblo de bárbaros o de esclavos y huya de la gran Buenos Aires que no quiere entre sus hijos hombres extranjeros a las virtudes.”

“El pueblo tiene derecho a saber la conducta de sus representantes, y el honor de éstos se interesa en que todos conozcan la execración con que miran aquellas reservas y misterios inventados por el poder para cubrir sus delitos. El pueblo no debe contentarse con que sus jefes obren bien, debe aspirar a que nunca puedan obrar mal.

“Si los pueblos no se ilustran, si no se vulgarizan sus derechos, si cada hombre no conoce, lo que vale, lo que puede y lo que sabe, nuevas ilusiones sucederán a las antiguas y después de vacilar algún tiempo entre mil incertidumbres, será tal vez nuestra suerte, mudar de tiranos, sin destruir la tiranía”

“Los pueblos deben estar siempre atentos a la conservación de sus intereses y derechos y no deben fiar más que de sí mismos. El extranjero no viene a nuestro país a trabajar en nuestro bien, sino a sacar cuantas ventajas pueda proporcionarse. Recibámoslo en buena hora, aprendamos las mejoras de su civilización, aceptemos las obras de su industria y franqueémosle los frutos que la naturaleza nos reparte a manos llenas; pero miremos sus consejos con la mayor reserva y no incurramos en el error de aquellos pueblos inocentes que se dejaron envolver en cadenas, en medio del embelesamiento que les habían producido los chiches y coloridos abalorios. Aprendamos de nuestros padres y que no se escriba de nosotros lo que se ha escrito de los habitantes de la antigua España con respecto a los cartagineses que la dominaron:

Libre, feliz, España independiente

Se abrió el cartaginés incautamente:

Viéronse estos traidores

Fingirse amigos, para ser señores;

Entrar vendiendo para salir mandando’”

Fuente: Mariano Moreno, Escritos Políticos, Buenos Aires, La Cultura Argentina, 1915

“En vano publicaría esta Junta principios liberales, que hagan apreciar a los pueblos el inestimable don de su libertad, si permitiese la continuación de aquellos prestigios, que por desgracia de la humanidad inventaron los tiranos, para sofocar los sentimientos de la naturaleza. Privada la multitud de luces necesarias, para dar su verdadero valor á todas las cosas; reducida por la condición de sus tareas á no extender sus meditaciones mas allá de sus primeras necesidades; acostumbrada á ver los magistrados y jefes envueltos en un brillo, que deslumbra á los demás, y los separa de su inmediación; confunde los inciensos y homenajes con la autoridad de los que los disfrutan; y jamás se detiene en buscar á el jefe por los títulos que lo constituyen, sino por el voto y condecoraciones con que siempre lo ha visto distinguido. De aquí es, que el usurpador, el déspota, el asesino de su patria arrastra por una calle pública la veneración y respeto de un gentío inmenso, al paso que carga la execración de los filósofos, y las maldiciones de los buenos ciudadanos; y de aquí es, que á presencia de ese aparato exterior, precursor seguro de castigos y todo género de violencias, tiemblan los hombres oprimidos, y se asustan de sí mismos, si alguna vez el exceso de opresión les había hecho pensar en secreto algún remedio”.

Algunos miopes quieren ver en esta disputa el origen de la oposición entre unitarios y federales, alineando por supuesto a Moreno en el rol de padre del unitarismo y a Saavedra como progenitor, ya que nuestra historia es fanática de los padres, del federalismo. Es curioso porque Saavedra, hombre poco afecto a la filosofía y a la escritura, no ha dejado una sola línea en la que mencione siquiera las palabras federalismo o federación, mientras que el “unitario” Moreno le dedica varios párrafos de su texto: Sobre las miras del Congreso que acaba de convocarse, y la Constitución del Estado: Allí señalaba:

“El gran principio de la federación se halla en que los estados individuales, reteniendo la parte de soberanía que necesitan para sus negocios internos, ceden a una autoridad suprema y nacional la parte de soberanía que llamaremos eminente, para los negocios generales, en otros términos, para todos aquellos puntos en que deben obrar como nación. De que resulta, que si en actos particulares, y dentro de su territorio, un miembro de la federación obra independientemente como legislador de sí mismo, en los asuntos generales obedece en clase de súbdito a las leyes y decretos de la autoridad nacional que todos han formado. En esta forma de gobierno, por más que se haya dicho en contrario, debe reconocerse la gran ventaja del influjo de la opinión del contento general: se parece a las armonías de la naturaleza, que están compuestas de fuerzas y acciones diferentes, que todas concurren a un fin, para equilibrio y contrapeso, no para oposición; y desde que se practica felizmente aun por sociedades incultas no puede ser calificada de difícil. Este sistema es el mejor quizá, que se ha discurrido entre los hombres”


Fuentes:Pigna, Felipe, Los Mitos de la Historia Argentina, Buenos Aires, Norma. 2004 y www.elhistoriador.com.ar


Las invasiones inglesas al Río de la Plata


Antecedentes
Ver Virreinato del río de la Plata
En el año 1805 Inglaterra se encontraba enfrascada en un conflicto bélico contra Francia, donde Napoleón gobernaba. Los españoles en ese momento estaban aliados con los franceses. La mayor parte de Europa se encontraba en poder o bajo la influencia francesa, por lo tanto los ingleses se veían impedidos de comerciar con estos territorios, lo que afectaba su economía en plena Revolución Industrial. Con objetivo de obtener nuevas plazas comerciales y debilitar a sus enemigos, los ingleses comenzaron una serie de ataques a las posesiones europeas de ultramar. como parte de ese esfuerzo una fuerza inglesa ocupo en enero de 1806 la colonia Holandesa de Ciudad del Cabo. Allí sus comandantes se informaron de la debilidad de la guarnición española de Buenos Aires además del cuantioso tesoro que la ciudad tenia y decidieron que ese seria su próximo objetivo.

Primera invasión
El 14 de abril de 1806 partió desde la ciudad del Cabo una fuerza comandada por Beresford. Hizo escala en Santa Elena donde se reforzó. La fuerza que llego al Río de la Plata consistía de 1600 hombres en 10 barcos de guerra. El 25 de junio de 1806 los ingleses desembarcaron en Quilmes, y llegaron a tomar el fuerte de Buenos Aires el día 28 de junio. El virrey Sobremonte huyo con el tesoro de la ciudad hacia Córdoba, para organizar allí la resistencia, pero el tesoro fue interceptado por los ingleses gracias a la información que proveyeron comerciantes temerosos de que los ingleses al no tener el tesoro robaran sus propiedades. Para ganarse el favor de la gente de Buenos Aires una de las primeras medidas de los invasores fue decretar el libre comercio. Esto provoco que muchos comerciantes que se beneficiaban con el monopolio español financiaran la resistencia a los ingleses, que comenzó a organizarse en forma secreta con el fin de retomar la ciudad. A su vez en Montevideo Liniers organizo una fuerza con el objetivo de marchar sobre Buenos Aires y liberarla. También Pueyrredon con la ayuda de Alzaga, organizo una milicia en los alrededores de la ciudad con vistas a la liberación de la misma la cual fue derrotada por los ingleses el 1 de agosto. El 4 de agosto Liniers desembarco al norte de la ciudad en Las Conchas con su fuerza. A medida que avanzaba se fueron uniendo mas hombres a su fuerza. Finalmente llego a Buenos Aires donde convergieron en el ataque a los ingleses todas las fuerzas de la resistencia. Luego de 2 días de lucha los ingleses fueron expulsados el 12 de agosto. El 14 de agosto el Cabildo le confirió a Liniers el mando militar. Esto junto con la reconquista constituyeron 2 importantes antecedentes de autodeterminación que influirían luego en la Revolución de mayo.

Periodo intermedio
Luego de la invasión se hizo evidente que era necesario contar con mayores fuerzas militares en el Virreinato del Río de la Plata. España en ese momento se hallaba en estado de virtual aislamiento con respecto a sus colonias, ya que su flota había sido derrotada en Trafalgar y los ingleses habían ganado el control del mar, por lo tanto recibir refuerzos de la metrópoli era bastante improbable. Se organizaron entonces fuerzas militares en el virreinato mismo, la mayor parte de ellas integradas por criollos. Se formaron entre otras fuerzas los patricios, Arribeños, Húsares, Pardos y Morenos y mas. Esto sentó las bases para el futuro ejercito argentino que combatió en las guerras por la independencia y le resto poder a la elite española.

Segunda invasión
El 22 de septiembre de 1806 el gobierno ingles decide invadir Buenos Aires y Montevideo. Los ingleses volvieron a la carga con una fuerza mucho mayor a la que habían enviado con anterioridad. Como base de acción tomaron la población de Maldonado el 29 de octubre de 1806 comenzaron las acciones que culminaron 3 días después con la derrota española. El 3 de febrero de 1807 tomaron la ciudad de Montevideo en una operación naval y terrestre con 8000 soldados, bajo el general Auchmuty y el almirante Stirling. Sobremonte había acudido con refuerzos desde Córdoba, pero fue repudiado por el Cabildo, que puso a Ruiz Huidobro al mando de la fallida defensa de la ciudad. Mientras tanto Liniers que había acudido con 3000 hombres en ayuda de Montevideo debió retornar a Buenos Aires al enterarse de la caída de la ciudad. El 5 de febrero llego la noticia a Buenos Aires de la caída de Montevideo, reuniéndose el Cabildo el día 10 para analizar la situación, llegándose a la decisión de destituir a Sobremonte, arrestarlo y nombrar como virrey a Liniers, hecho que sentó un fuertísimo precedente de autodeterminación con vistas a la Revolución de Mayo de 1810. Para impedir que el pueblo de Colonia del Sacramento fuera utilizado como punto de desembarque de un ejercito español, los ingleses también tomaron esa población que cayo fácilmente en marzo. Liniers envió al recién llegado de España, Elio al frente de una fuerza para recuperar Colonia. El 22 de abril este realizo un ataque sorpresivo para los británicos, pero sin lograr el triunfo, y debió retirarse. Pack, el comandante ingles a cargo de Colonia pido refuerzos a Montevideo y ataco el campamento de Elio, derrotándolo y dispersando su fuerza el 7 de junio de 1807. Los ingleses comenzaron a usar a Montevideo como base para el contrabando, logrando que sus mercaderías penetraran en las colonias españolas. además emprendieron una guerra propagandística mediante la distribución de un periódico pro británico.
El 10 de mayo de 1807 llego a Montevideo Whitelocke que asumió el mando de todas las fuerzas inglesas. El 28 de junio desembarcaron los ingleses en Ensenada, enfrentando las resistencia de una fuerza local que fue prontamente desbaratada, iniciando la marcha sobre Buenos Aires. Entre tanto llego de España una resolución que declaraba a Ruiz Huidobro como virrey, pero al hallarse este prisionero de los ingleses, la Audiencia resolvió la continuidad de Liniers en el cargo. El 4 de julio el ejercito ingles se aproximo a la ciudad de Buenos Aires. Liniers salio a enfrentarlos en Plaza Miserere siendo derrotado. Ante la ominosa situación el alcalde de Buenos Aires, Alzaga ordeno fortificar la ciudad, se cavaron trincheras y se hicieron barricadas, a la vez que la población se levanto en armas para enfrentar a los ingleses. El 5 de julio los ingleses partiendo de Miserere se dividieron en 12 columnas para penetrar en la ciudad confiados de la victoria. Los sorprendió una encarnizada resistencia y una lucha cuerpo a cuerpo. La población utilizo casi cualquier medio para combatir a los ingleses, el mas famoso fue el de arrojar aceite hirviendo desde las terrazas de las casas a las columnas británicas (aunque algunos historiadores afirman que era agua hirviendo ya que el aceite en esa época era un articulo muy caro). Los ingleses no pudieron tomar la ciudad y sufrieron una gran cantidad de bajas. Liniers le ofreció a Whitelocke la rendición la cual el comandante británico acepto. Las tropas británicas debieron retirarse del Río de la Plata y devolver al Virreinato del Río de la Plata las ciudades tomadas.

Consecuencias de las invasiones
Las invasiones inglesas sentaron un precedente para la Revolución de Mayo de 1810, ya que demostraron que las colonias podían defenderse por su cuenta sin ayuda de la metrópoli, a la vez que el nombramiento de Liniers y una serie de decisiones que se tomaron de manera local, sirvieron como precedente de la autodeterminación que podía ser ejercida.

Mapa de las invasiones inglesas. Principales escenarios de los enfrentamientos.

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Fuente: http://www.historiaglobal.com.ar/invasionesinglesas.php