Juan José Ruiz de Apodaca



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INTRODUCCION

Juan José Ruiz de Apodaca, nació el 3 de Febrero de 1754 en Cádiz, municipio español situado en la provincia de Cádiz, en la comunidad autónoma de Andalucía, en el extremo sur de la Europa continental, sus padres fueron Tomás Ruiz de Apodaca y López de Letona y Eusebia de Eliza y Lasquetti, formado así como nombre completo: Juan José Ruiz de Apodaca y Eliza Gastón de Iriarte López de Letona y Lasquetti. Su familia se encontraba en el seno de la sociedad, relacionados con los mercaderes adinerados.


DESARROLLO DE SU VIDA EN LA POLITICA Y EN LA CARRERA MILITAR

A la corta edad de 13 años, este entro en la Armada como guardiamarina en la Compañía de Departamento de Cádiz el 7 de noviembre de 1767, más precisamente el 7 de noviembre de ese mismo año. Dos años más tarde, embarcó en el navío San Lorenzo el 19 de marzo de 1769 para hacer el corso por el Mediterráneo y transbordó al Triunfante con el mismo cometido, mientras se encontraba aquí, tomó parte en la campaña contra los piratas argelinos.

Luego de esto, fue ascendido a alférez de fragata, cuando fue embarcado por segunda vez en el navío "Atlante" con destino a Ferrol, esto ocurría el 22 de Agosto de 1770. Más tarde, antes de llegar a destino, pasó a una fragata para hacer viaje Puerto Rico, hasta su regreso a Ferrol al año siguiente. Volvió a Cádiz en el navío América.

En la fragata Industria salió de Cádiz con un cargamento de azogue en 1772 con destino a El Callao, donde realizó varias comisiones en la mar y en tierra. Estuvo allí destinado en el navío Peruano en 1773. El 28 de abril de 1774 fue ascendido a alférez de navío y destinado en la fragata Águila, efectuando varias campañas de exploración y cartografía. En los dos años siguientes estuvo destinado en Lima, embarcado en el navío Astuto y cumpliendo otros servicios en tierra.


Se le ascendió a teniente de fragata con fecha del 16 de marzo de 1776, regresando a Cádiz con el Astuto el 12 de agosto de 1778. El 23 de mayo del mismo año fue ascendido in absentia ateniente de navío, embarcado en el navío Santa Isabel.
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" Ferrol, España"

"Juan josé Ruiz de Apodaca, comienzo
de su mandato como virrey"
external image 00040275.jpg En guerra con los ingleses, desempeñó misiones en el campo de Gibraltar mandando varias cañoneras.DE 1781 a 1790 fue comandante de navíos de línea y después se encargó de las obras de reconstrucción de la dársena de Tarragona. Comenzó otorgándole su primer mando en la fragata "Nuestra Señora de la Asunción", con la que navegó hasta La Paz de 1783, perteneciendo a la escuadra del general Luis de Córdoba. Luego, con la misma fragata hizo torna viaje con el destino a las islas Filipinas para llevar la noticia a La Paz, regresando a Cádiz al año siguiente. Precisamente, cuando regresó a Cádiz desde las islas Filipinas en 1784, redactó una Memoria sobre el modo de forrar en cobre los buques.

El 28 de febrero de 1788 fue ascendido a capitán de navío y obtuvo al año siguiente el puesto de mayor general de la escuadra de evoluciones al mando del general Tejada, embarcado en el navío de línea San Telmo.En 1790 dirigió las obras para reparar y ampliar los muelles del puerto de Tarragona. En 1793, al mando del San Francisco de Paula en la escuadra de Borja en el Mediterráneo, participó en las operaciones en torno a Cerdeña, pasando después con el mismo navío a la escuadra del general Juan de Lángara en la toma de Tolón en unión de la escuadra inglesa del almirante Hood.
El año siguiente, más precisamente el 1 de Febrero de 1794, Juan José Ruiz de Apodaca fue nombrado brigadier y recibió el mando del San Francisco de Paula, tomando parte en la escuadra de Gravina en las operaciones de la bahía de Rosas hasta su evacuación en el mes de febrero del año siguiente.

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"Cadiz, España"

En 1796 se puso al mando del navío San Agustín al comenzar una nueva guerra contra los británicos. Uno de los hechos más sobresalientes de la biografía de Ruiz de Apodaca fue su odisea al mando de este navío.



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"Navío San Agustin"

El 13 de febrero de 1797 se encontró rodeado por la escuadra de Jervis en cabo de San Vicente, contando también con el bergantín Atocha, pero, aprovechando la niebla del amanecer, escaparon rumbo al norte y entraron en la ría de Vigo. En el mes de julio de ese año, entraron en la ría dos navíos, tres fragatas y dos bergantines británicos al mando del comodoro Samuel Hood. El británico pidió al brigadier Apodaca que se rindiera y entregara el navío, el bergantín y los demás buques que en ese momento se encontraban en el puerto de Vigo.

Tras lo sucedido, Apodaca dejó que el parlamentario británico observara las defensas que estaba preparando. La escuadra británica, abandonando sus planes de ataque, emprendió la salida de la ría, mientras el brigadier español, no contento con lo que había conseguido, mandó perseguirlos y logró represar un bergantín español que había tomado el enemigo cargado de provisiones.

El gobierno ordenó al brigadier que pasara a Ferrol. Aunque sabía que el departamento estaba bloqueado por una escuadra británica, zarpó de Vigo y burlando su vigilancia entró en Ferrol con el San Agustín, desarbolado del mastelero de gavia y tuvo que entrar en dique por el mal estado en que se encontraba.

Más tarde, recibió la orden de ir a Cádiz, su ciudad natal, para ponerse al mando del navío Mejicano en la escuadra de Mazarredo. Posteriormente se le otorgó el mando del “Reina María Luisa”, perteneciente a la escuadra del general Nava. Realizó cruceros frente a Argel, se dirigió a Liorna para traer a España a los reyes de Etruria y fue ascendido a jefe de escuadra el 2 de octubre de 1802.

En el mes de julio de 1803 volvió a encargarse del arsenal de Cartagena, en el que ya había ocupado ese cargo en 1797. El 24 de marzo de 1807 se le concedió el mando de la escuadra del Océano, rindiendo al año siguiente a la escuadra francesa surta en Cádiz, mandada por el almirante Rosily.

Se le ascendió a teniente general el 23 de agosto de 1809, y en enero del mismo año Apodaca había sido enviado a Londres para entablar negociaciones de paz y crear una alianza para luchar contra el invasor francés (Tratado de Londres de 14 de enero de 1809). Regresó a Cádiz de su misión diplomática en Londres. Todo esto le valió unas singulares muestras de aprecio por parte del Gobierno y del Rey del Reino Unido, que le dio muestras ostensibles de ello al dejar el cargo el 15 de junio de 1811.


JUAN JOSE RUIZ COMO VIRREY DE NUEVA ESPAÑA

Aunque fue nombrado virrey de la Nueva España desde principios de 1816, hasta el 20 de Septiembre del mismo año recibió el mando de manos del conde de Calderón, en los momentos en que el país se encontraba en estado de turbulencia. El 61° virrey ofreció el indulto a los insurrectos. El carácter de Apodaca, inclinado a la compasión y a la clemencia, produjo muy buenos resultados. Muchos insurgentes aceptaron el perdón, dio la orden de que por ningún motivo se fusilase a quienes cayeran prisioneros. Prohibió que los muchachos volaran "papalotes", porque eso representaba un serio peligro ya que lo hacían desde las azoteas; revisó las cuentas y encontró que Calleja las había llevado con mucho cuidado; suspendió los empréstitos y sólo se sujetó a la recaudación de aduanas, impuestos y otras cuentas normales de la hacienda.

La sociedad en general sintió simpatía por el virrey y parecía que la revolución iba apagándose por completo cuando se supo en México que el día 17 de abril de 1817 había desembarcado el caudillo liberal español don Xavier Mina, en Soto la Marina, de donde se puso en marcha con 308 voluntarios hacia el interior del país, para unirse a los insurgentes del Fuerte del Sombrero. Apodaca envió contra Mina y sus aliados una fuerte columna al mando del mariscal de campo don Pascual Liñán, quien después de una activísima campaña hizo prisionero a don Xavier Mina en el rancho del Venadito, cerca de Silao. Por esa victoria y siguiendo la costumbre napoleónica tan en boga, el virrey recibió el título de conde del Venadito, del cual muchos se burlaron.

Recibió el flamante conde instrucciones de redoblar la vigilancia de las costas, porque se sabía que los marineros ingleses Cochrane y Wilson alistaban una expedición a la Nueva España; algunos insurrectos mexicanos reunidos en Nueva York y en Matagorda compraron un barco armado, con el que amenazaban el comercio de cabotaje en el Golfo de México, capturaron a una goleta armada por el comercio de Veracruz e hicieron fusilar al capitán. Como los ingleses y franceses, después de las guerras napoleónicas, se ocuparon mucho en ayudar a la independencia de las posesiones españolas, España estableció tres consulados en los Estados Unidos, que se encargaban de sus negocios y también de estar alertas sobre posibles intervenciones en la Nueva España como la de Guillermo Robinson que tenía grandes proyectos para darle nuevo impulso a la revolución, empezando por apoderarse de Altamira y Tampico, donde fue hecho prisionero y remitido a Cádiz, pero logró fugarse con la ayuda de los ingleses, en Gibraltar.

Calleja había dispuesto que el depósito de tabaco de México se convirtiese en una fortaleza a la que el pueblo ha llamado la Ciudadela, donde Apodaca hizo almacenar armas y municiones que fueron poco a poco robadas. Apodaca ordenó que el brigadier don Francisco Novella recibiese el cargo de gobernador de la Ciudadela, pero la Audiencia se opuso. A Novella no le pareció digna de su empleo esa comisión y se enemistó con el virrey, por lo que a la larga Novella se le encargó destituyera a Apodaca. Este en verdad durante su gobierno tuvo más problemas suscitados por angloamericanos e ingleses que buscaban la independencia de la Nueva España para su particular conveniencia económica y de expansión territorial desde Estados Unidos, que por los grupos de sublevados que se mantenían en algunos fuertes en El Bajío, Veracruz y en el sur, sin que representara ninguno un serio problema.


JEFE POLITIVO SUPERIOR DE NUEVA ESPAÑA

Apodaca, cuyas filiaciones políticas lo ponían en desacuerdo con la Constitución de Cádiz y los regímenes liberales, llegó a concebir la idea de amurallar la Ciudad de México para impedir que fuera capturada por los insurgentes. Una serie de acontecimientos se precipitaron entonces. En España triunfaba en 1820 la revolución liberal. Con esto quedó definitivamente extinguido el Virreinato de la Nueva España y resurgieron las provincias establecidas en 1812-1813. Ruiz de Apodaca pasó a ser Jefe Político Superior de Nueva España, con un ámbito jurisdiccional mucho más reducido que el del Virreinato, ya que solamente tenía autoridad sobre la Provincia de Nueva España.

En México, el coronel Agustín de Iturbide, que había estado luchando contra los insurgentes mexicanos, al enterarse, al igual que otros, del restablecimiento de la Constitución española de Cádiz, participó en la que se conoce como Conspiración de la Profesa, dirigida a obstaculizar que dicha Constitución se implantara en México. Los conspiradores de la profesa lograron que Apodaca nombrara a Iturbide comandante de las tropas del sur, e Iturbide pacta con Vicente Guerrero por la independencia mexicana.

El 5 de julio Apodaca fue depuesto por los mandos europeos del cargo de Jefe Político Superior, que de facto se encomendó al mariscal Francisco Novella. Con la entrada de Iturbide en la capital mexicana, Apodaca tuvo que abandonar Nueva España y embarcar con su familia en Veracruz en el navío Asia, partiendo hacia La Habana en octubre de 1821.



MUERTE Y HOMENAJES A SU VIDA

Después de informar al Rey, permaneció en Madrid hasta 1823. Se le encomendó pasar a La Habana para la recuperación de México, pero su mala salud se lo impidió.

En 1826 fue nombrado consejero de Estado y el 1 de mayo de 1830 se le promovió a la dignidad de Capitán General y director de la Armada. Falleexternal image panteon_marinos_ilustres.jpgció en la ciudad de Madrid el 11 de enero de 1835 cuando estaba apunto de cumplir los 81 años de edad.

Causó su muerte un sentimiento general, disponiéndose que hubiera siempre en la Armada un buque llamado Conde de Venadito, y en el mes de septiembre de 1862, que los restos de tan esclarecido general y patricio reposaran en el Panteón de Marinos Ilustres ( El Panteón de Marinos Ilustres es u edificio de estilo neoclásico, construido en el siglo XVIII, ubicado dentro del recinto de la Población militar de San Carlos, en San Fernando, Cádiz, y en el que se destacan los restos de mortales numeroso marinos españoles.), siendo autorizado su hijo a instalar un sarcófago para encerrar sus cenizas. Mientras se efectuaba, Gastón de Iriarte mandó colocar en el lugar correspondiente una lápida de recuerdo, que desapareció no bien se hizo el traslado de los restos, no faltando en la actualidad sino levantar un mausoleo digno depositario de tan venerables cenizas.

Finalmente Juan José Ruiz de Apodaca, fue reconocido como noble, político, marino y militar español, I Conde del Venadito, 48° y penúltimo virrey de la Nueva España.

JUAN JOSE RUIZ DE APODACA Y LA REVOLUCIO DE MAYO

Apertura del puerto de Buenos Aires (1809)

Era colega de Castlereagh en la cartera de Relaciones Exteriores Jorge Canning, por entonces unido en amistad y propósitos políticos al vizconde. Ambos apoyan la fuga de la familia real portuguesa de Lisboa y su transporte a Río de Janeiro en 1807, y saben hacerse pagar el servicio con la apertura de los puertos brasileños (14 de octubre de 1807) a la libre introducción de mercaderías manufacturadas. Se consolida la penetración mercantil en América latina.

En 1808 ocurre un cambio fundamental en la política española. La resistencia a José Bonaparte, el levantamiento del 2 de mayo y la subsecuente guerra de la independencia española, convierten a España. de aliada en enemiga de Napoleón; poco costará a Canning transformarla también de enemiga en aliada de Inglaterra. La Junta Central de Sevilla que dirige la insurrección española necesita el apoyo naval y militar inglés y envía a Londres a Juan Ruiz de Apodaca. Canning acepta al aliado, pero encuentra la manera de hacerse pagar la escuadra inglesa queprotege a Cádiz y los ejércitos de Wellesley que operan desde Lisboa: el 14 de Enero de 1809, por el tratado Apodaca-Canning se concierta la alianza militar anglo española donde, en retribución de la ayuda bélica en la península, la Junta de Sevilla "dará facilidad al comercio inglés en América".

A cambio de la independencia política de la metrópoli la Junta entregaba la independencia económica de América.

Para cumplir el tratado de Apodaca-Canning la Junta envía a Buenos Aires a un nuevo virrey, Baltasar Hidalgo de Cisneros. Pese a las protestas del síndico del Consulado y del representante de los importadores se abre - con alguna cautela - el puerto de Buenos Aires a la entrada de productos ingleses.

Acciones revolucionarias a comienzos de 1810

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Durante los primeros meses de 1810 continuaba la acción revolucionaria de los partidarios de la independencia de América Española. El 17 de enero de ese año, Francisco Miranda le escribía desde Londres a Felipe Contucci instándolo a continuar con los planes de independencia: “es necesario apresurarse a llevar a debido efecto el plan que me decía usted estaba ya acordado, para la independencia de esas provincias del argentino”. También desde Córdoba, ciudad central del Virreinato del Río de la Plata, el deán Gregorio Funes le escribía a la princesa Carlota el 15 de febrero de 1810 que se había ocupado de preparar los ánimos de mis compatriotas a favor de una regencia de la princesa en Buenos Aires. Agrega además que “yo he tenido el consuelo de ver alistados en el bando de V. A. cuantos son los que han podido escucharme.” Finalmente afirmó que “estas pequeñas conquistas [fueron]hechas en el silencio y la oscuridad.”Vemos que en esta carta de comienzos del año 1810 que el deán Funes todavía abrigaba esperanzas en la posibilidad de una regencia de la princesa Carlota. Además nos transmite la forma sigilosa y encubierta en que debían realizar los patriotas su acción proselitista a favor de algún tipo de independencia pues de ser descubiertos podían ser llevados a prisión por las autoridades del virreinato o escapar al exterior como fueron los casos de Saturnino Rodríguez Peña y Juan Martín de Pueyrredón, prófugos en Río de Janeiro.

Circulaban periódicos como El Colombiano, Publicado por Miranda en Londres y El Español, escrito por José Blanco White también desde en Londres, que aparecieron en los primeros meses de 1810. Estos escritos que instaban a la independencia llenaban de preocupación a las autoridades españolas. En una carta enviada al embajador español en Londres, Juan Ruiz de Apodaca, por Manuel Abella, le comunicaba que “en esta ciudad se había empezado a publicar un periódico español titulado El colombiano, no para venderse en ella sino para enviarlo a nuestras Américas exhortándolas a la independencia.”

GENEAOLGÍA DEL APELLIDO RUIZ DE APODACA, ORIGEN DEL APELLIDO RUIZ DE APODACA, ESCUDO DEL APELLIDO RUIZ DE APODACA, PROCEDENCIA DEL APELLIDO RUIZ DE APODACA
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La heráldica y la historia del apellido Ruiz de Apodaca han sido estudiadas y en esta web ponemos a su disposición las fuentes que sabemos que existen. Siendo ciertamente complejo, a veces, el estudio de la historia de un apellido, aquí damos el punto de partida para todos los interesados en saber más acerca de los Ruiz de Apodaca. El apellido Ruiz de Apodaca tiene escudo heráldico o blasón español, certificado por el Cronista y Decano Rey de Armas Don Vicente de Cadenas y Vicent. Aunque no consta que personas con el apellido Ruiz de Apodaca probaran su hidalguía en la Real Chancillería de Valladolid, ello no descarta su nobleza ni la probanza de hidalguía en otras Chancillerías y Órdenes Militares.

La heráldica del apellido Ruiz de Apodaca se encuentra recogido en el Armorial General de Johan Baptiste Rietstap, esta obra es la mayor obra de heráldica jamás escrita, con más de 100.000 apellidos de todo el mundo (apellidos españoles, ingleses, franceses, italianos, polacos, portugueses, holandeses, etc. etc.), entre los que se encuentra el apellido Ruiz de Apodaca, ordenados alfabéticamente, incluyendo un manual de heráldica con dibujos, un completo glosario de términos, un suplemento y un apéndice. Completa descripción del escudo de armas del apellido Ruiz de Apodaca, del origen del apellido Ruiz de Apodaca, de los títulos nobiliarios del apellido Ruiz de Apodaca y de las fechas de concesión. El texto donde aparece el apellido Ruiz de Apodaca se encuentra en la segunda edición, ampliada y revisada de 1884-1887.

El apellido Ruiz de Apodaca aparece recogido por el Cronista y Decano Rey de Armas, Don Vicente de Cadenas y Vicent, en su "Repertorio de Blasones de la Comunidad Hispánica", eso significa que el linaje Ruiz de Apodaca tiene armas oficiales certificadas por Rey de Armas. Dicho Repertorio de Blasones de la Comunidad Hispánica es la mayor obra de heráldica española, donde aparecen los apellidos con su heráldica como el apellido Ruiz de Apodaca ordenados alfabéticamente, con sus escudos. En dicha obra se han incluido el contenido de muchos manuscritos de la Biblioteca Nacional de Madrid y correspondientes a Minutarios de Reyes de Armas y recoge apellidos que como Ruiz de Apodaca son españoles o muy vinculados por unas u otras razones a España, por lo que los del apellido Ruiz de Apodaca están en esta tesitura. También se suman millares de escudos heráldicos y heráldica procedentes de varias Secciones del Archivo Histórico Nacional, así como de la Real Chancillería de Valladolid, Salas de los Hijodalgos y de Vizcaya, etc. En resumen, los del apellido Ruiz de Apodaca han realizado alguna prueba de nobleza o hidalguía.

Julio de Atienza, en su "Nobiliario Español", recoge la heráldica e historia del apellido Ruiz de Apodaca. Esta obra es de gran importancia para la heráldica ya que recoge la historia, pruebas de nobleza e hidalguía de los apellidos y linajes entre los que está el apellido Ruiz de Apodaca.

La muy completa historia y heráldica del apellido Ruiz de Apodaca aparece en la magna "Enciclopedia Hispanoamericana de Heráldica, Genealogía y Onomástica" de los hermanos Arturo y Alberto García Carraffa, y continuada por Endika de Mogrobejo. Son más de 100 tomos los que ocupa esta Enciclopedia donde podemos encontrar el apellido Ruiz de Apodaca. Van ordenados alfabéticamente, aunque con añadidos al final de muchos tomos. Hay más de 17.000 apellidos, entre ellos Ruiz de Apodaca.

APODACA Y LA MASONERIA


external image masoneria.gif?w=600Los dos ultimos virreyes de nueva españa, Juan José Ruiz de Apodaca y Juan O'Donoju, tendian a caracterissarse como masones. la masoneria es una institución de carácter iniciático, filantrópico y filosófico, fundada en el sentimiento de fraternidad. Tiene como objetivo la búsqueda de la verdad y fomentar el desarrollo intelectual y moral del ser humano, además del progreso social. Los masones, tanto hombres como mujeres, se organizan en estructuras de base denominadas logias, que a su vez pueden estar agrupadas en una organización de ámbito superior normalmente denominada "Gran Logia", "Gran Oriente" o "Gran Priorato".

Aparecida en Europa entre finales del siglo XVII y principios del XVIII, la masonería moderna o "especulativa" ha sido descrita a menudo como un sistema particular de moral ilustrada por símbolos. Se presenta a sí misma como una herramienta de formación, con un método particular que, basado en el simbolismo de la construcción, permite a sus miembros desarrollar su capacidad de escucha, de reflexión y de diálogo, para transmitir estos valores a su entorno.

La historia institucional de la masonería presenta numerosas disidencias, cuyas principales causas, con importantes matices y derivaciones, están relacionadas con la admisión de la mujer en la masonería, la cuestión de las creencias religiosas o metafísicas, la naturaleza de los temas tratados o la forma de trabajar de las logias, así como con las bases sobre las que se fundamenta la regularidad masónica. La existencia de distintos puntos de vista sobre estos y otros temas ha dado lugar al desarrollo de distintas ramas o corrientes masónicas, que a menudo no se reconocen entre ellas.



Para sasbre más sobre este tema, ver el siguiente video.













CARTAS DE ITURBIDE A RUIZ DE APODACA

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TRANSCRIPCIÓN


“Sr. Juan Ruíz de Apodaca, Conde de Venadito
Villa de León, abril 28 de 1821
Exmo. Sr.: Penetrado de un vivo sentimiento he visto que mis sanas ideas de independencia y felicidad de estos países no se han insinuado en el corazón de Vuestra Excelencia: por el contrario, denigrando de mis planes a la paz del mundo llena de hipocresía a mis sentimientos religiosos y ambición a mi desinterés, ingredientes a mi patriotismo, sedición a mi filantropía; ¡que dolor Sr. Exelentísimo! que ¡no pueda contestar Vuestra Excelencia a la razón con razones, sino con sarcasmos y dicterios!. Buena desdicha es por cierto tener que combatir de tan raro modo la verdad y justicia, despreciando la moral [texto ilegible]un partido marcado por todas sus fases con el sello de la iniquidad. Concedo a Vuestra Excelencia que es responsable a la Europa de todo este continente, lo que Vuestra Excelencia no me negará que también es responsable al (texto ilegible)... de todos los males, que va a producir una guerra furiosa que puede evitar. Más si en las responsabilidades que a Vuestra Excelencia se ofrecen entre Dios y la España, pero más esta, buen provecho le haga. Si se ve la cosa por el orden político, permítame a Vuestra Excelencia le pregunte ¿qué espera de la Corte de Madrid?, ¿que podrá darle la miserable península en la turbulenta época de su mayor y miseria?
¿Cuánto podrá ser la familia de Apodaca en la vasta y opulenta América, rica, franca y agradecida?
Más si ni la Religión, ni el lucero temporal bastan a convencer a Vuestra Excelencia contra esos sentimientos de mal entendido, honor en que se apoya y cree que con mi muerte remachará los grillos de mi patria, se engaña en ello. Porque abundan los paisanos míos más aptos que yo para concluir mi empresa felizmente, y tarde o temprano, el septentrión de América debe separarse de España aunque pese al tiranismo, y estoy persuadido según lo que me palpo de que para concluir mi obra, no necesitaré de los socorros que puedan franquearme las naciones extranjeras con quien he cuidado de entablar relaciones.
En ella se parlará algún día de la conducta con que me he gobernado, y aunque no aspiro a sus elogios, me congratulo de estos indemnizados ante Dios y los hombres, es del modo y términos conque sustraigo a mi patria de sus asesinos y ladrones. Extrañará Vuestra Excelencia este idioma, pero ya es preciso contestar en el mismo [texto ilegible] me habla, y plegue ad. Que no haga lo propio con respecto a las armas, porque en fin, no llegue el día en que pese a Vuestra Excelencia su obstinada resolución, si no que conociendo cuan iguales son los daños de todo [texto ilegible], cuan justas racionales y ordenadas son las reclamaciones de los infelices (texto ilegible) y bases de mi empresa.
Deseo el bien de Vuestra Excelencia y veo que será trascendental a mi patria, en la que debiendo hacerse inmortal su nombre, rehúsa una suerte, cual ningún otro Español habrá disfrutado.
Más si mis insinuaciones se desprecian, no por eso dejaré de cumplir mis deberes, pues estoy en la palestra comprometido a obrar con la energía y tesón que demanda la grandeza de la obra.
Vuestra Excelencia por su parte hará lo mismo, y repito, sentiré que sea una víctima desairada de su sistema, pues sinceramente apetece su bien, su atento servidor
Q.b.S.M.
Agustín de Iturbide




Weblografía:



Bibliografía:


  • DOCUMENTA INSURGENTE: Catálogo de los documentos referentes a la independencia de Mexico comilados por Luis G. Urbina (270-274)
  • HISTORIA DE MEXICO: David Serrato Delgado (70)