Juan José Castelli


FICHA
NOMBRE: Juan José Antonio Castelli Villarino.

AÑO DE NACIMIENTO: 1764

AÑO DE FALLECIMIENTO: 1812

PADRE: Ángel Castelli Salomón

MADRE: María Josefa Villarino

PROFESION: Abogado


“ordeno que siendo los indios iguales a todas las demás clases (...) declaro que son acreedores a cualquier destino y empleo de que se consideren capaces del mismo modo que todo nacional idóneo sea de la clase y condición que fuese, siempre que sus virtudes y talentos lo hagan dignos de la consideración del gobierno (...) que en el preciso término de tres meses deberán estar ya derogados todos los abusos perjudiciales a los Naturales y fundados todos los establecimientos necesarios para su educación sin que a pretexto alguno se dilate, impida o embarace el cumplimiento de estas disposiciones”.

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Representante de la primera junta en el ejercito norte


Juan José Antonio Castelli Villarino nació en Buenos Aires el 19 de Julio de 1764, hijo de un médico veneciano, Ángel Castelli Salomón, y de una porteña, María Josefa Villarino y González de Islas.
Por disposición de una herencia, uno de los hijos del matrimonio Castelli debía ordenarse sacerdote; destino que fue asignado Juan José, y fue enviado a estudiar al  colegio Monserrat, en Córdoba. Allí fue compañero de estudios de otros hombres que influirían en la vida pública sudamericana, como Saturnino Rodríguez Peña, Juan José Paso, Manuel Alberti, Pedro y Mariano Medrano, o el cuyano Juan Martínez de Rozas, entre otros. Allí tomó contacto también con las obras de Voltaire y Diderot y, en especial, con el contrato social de Rousseau. Al finalizar los estudios escolares comenzó estudios universitarios de filosofia y teologia. Pero, en 1785, al morir su padre, abandonó la carrera sacerdotal, por la cual no sentía una fuerte vocación.
Al regresar a la capital del Virreinato, Decidido a estudiar jurisprudencia, rechazó la intención de su madre de enviarlo a estudiar a España, junto a su primo Manuel Belgrano, a la Salamanca o Alcalá de Henares.
Entonces Juan Castelli decidió seguir la carrera de Derecho, trasladándose entonces a la Universidad de Chuquisaca. En sus claustros recibió la licenciatura en 1788, y en seguida abrió un estudio en Buenos Aires. En 1796 su primo Manuel Belgrano logró que lo nombraran secretario interino del Consulado de Comercio, mientras durara su ausencia de un año debida a su deficiente estado de salud. Tres años más tarde Castelli fue designado Regidor del Cabildo. Había contraído enlace con María Rosa Lynch (quien le dio seis hijos), cuando en 1801 colaboró en la fundación de la Sociedad Patriótica, Literaria y Económica, escribiendo también en el Seminario de Agricultura y en el Telégrafo Mercantil.

Los comienzos del siglo XIX ponían ya de relieve las polémicas políticas originadas en la situación europea, y Castelli adhirió a la corriente carlotista, siendo uno de los firmantes de la memoria redactada por Belgrano que apoyaba los derechos de la infanta Carlota Joaquina al trono de Buenos Aires.


De regreso a Buenos Aires, se estableció como abogado, abriendo un estudio en su casa familiar. Representó a la Universidad de Córdoba en distintas causas, y a su tío Domingo Belgrano Peri. Su relación con Saturnino Rodríguez Peña se extendió a su hermano, Nicolás Rodríguez Peña, y a su socio Hipólito Vieytes. La casa de Rodríguez Peña sería, posteriormente, la sede de reuniones frecuentes de criollos revolucionarios. En 1794 se casó con María Rosa Lynch, y tuvieron como hijos a Ángela, Pedro (el futuro coronel), Luciano, Alejandro, Francisco José y Juana. Ese mismo año llegó a Buenos Aires una copia de la declaracion de los derechos del hombre y del ciudadano, sancionada por la Revolución francesa, que circuló clandestinamente por el virreinato. Belgrano intentó nombrar a Castelli secretario interino del Consulado, como suplente suyo, pero debió enfrentar una fuerte oposición de los comerciantes españoles que demoró dicha designación hasta 1796. Los intentos de Belgrano por nombrar a Castelli como su sucesor se fundamentaban también en una enfermedad contraída por el mismo durante su estadía en Europa, que lo obligó a tomar prolongadas licencias en su trabajo.
Dos años después, tuvo lugar una situación similar durante la elección de los integrantes del Cabildo de Buenos Aires de 1799. Castelli fue elegido regidor tercero, y rechazado por los comerciantes ligados al puerto de Cádiz. El pleito duró un año, hasta que finalmente el virrey Avilés aceptó el dictamen del comerciante Cornelio Saavedra y confirmó a Castelli en el cargo, mediante orden real en mayo de 1800. Sin embargo, para entonces Castelli se había excusado de asumir dicho cargo, ya que las funciones del Consulado ocupaban todo su tiempo. Esto fue considerado como un insulto por los comerciantes peninsulares, entre ellos Martín de Álzaga.
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ejemplar del telegrafo mercantil, donde escribio castelli


PARTICIPACION EN LA SEMANA DE MAYO
Un 19 de mayo, Juan José Castelli y Martín Rodríguez visitaron al virrey, y ya habían definido un plan cuyo punto de partida consistía en la convocatoria a un Cabildo abierto. Aunque no obtuvieron una respuesta favorable sino hasta el día siguiente.
El 24 de mayo, El Cabildo decide integrar la Junta, estando ya Cisneros designado como presidente, se le incorporaron como vocales los criollos del grupo patriota Castelli y Saavedra, el presidente español Juan Nepomuceno Solá y el comerciante criollo (pero partidario de los metropolitanos), José Santos Inchaúrregui.
Los designados prestaron juramento ya que todos estaban conformes. Pero no así los patriotas, que, organizados en un grupo con la jefatura de Domingo French y Antonio Berutti, decidieron recurrir a las armas para hacer respetar la voluntad popular. Ante esta situación Saavedra y Castelli entregaron su renuncia a Cisneros y lo invitaron a su vez a declinar la presidencia de la junta. Entonces Cisneros y los dos vocales restantes presentaron sus renuncias.
CAMPAÑA AL ALTO PERÚ
Castelli no fue bien recibido en Córdoba, en donde los fusilados eran populares, pero sí en San Miguel de Tucumán. En Salta, pese a ser bien recibido, tuvo dificultades para obtener tropas, mulas, víveres, dinero o artillería. Asumió el mando político de la Expedición, desplazando a Hipólito Vieytes y reemplazó a Ocampo por el coronel Antonio González Balcarce. En Salta recibió noticias de que Cochabamba había adherido al movimiento patriótico, aunque enfrentando fuerzas realistas provenientes de La Paz. Tenía también en su poder una carta de Nieto para Gutiérrez de la Concha, ya fusilado, donde relataba que un ejército realista dirigido por Goyeneche avanzaba sobre Jujuy. Balcarce, ya en Potosí, fue derrotado por las fuerzas de Nieto en Cotagaita, lo que motivó a Castelli a enviar doscientos hombres y dos cañones a marchas forzadas para reforzarlos. Con dicha guarnición Balcarce logró la victoria de Suipacha, que les permitió controlar todo el Alto Perú sin oposición. Entre los hombres enviados, reclutados en Salta y Santiago del Estero, se encontraba Martín Miguel de Güemes, un ex oficial de los Húsares de Buenos Aires que más tarde se convertiría en un caudillo de la lucha independentista en la región.
En la Villa Imperial, uno de los sitios más prósperos del Alto Perú, un cabildo abierto reclamó a Goyeneche que se retirase del territorio, a lo cual debió acceder ya que no contaba con las fuerzas suficientes para imponerse. El obispo de La Paz, Remigio La Santa y Ortega, huyó junto a él. Castelli fue recibido en Potosí, en donde exigió a la Junta un juramento de obediencia y la entrega de los generales realistas Francisco de Paula Sanz y José de Córdoba, que fueron fusilados. Para capturar a Vicente Nieto decidió que la operación fuese llevada a cabo exclusivamente por los patricios sobrevivientes de Potosí, que habían sido incorporados con honores al ejército patriota. Por su parte, Goyeneche y el obispo paceño también fueron condenados legalmente, pero la sentencia no llegó a ejecutarse ya que se encontraban a salvo en tierras realistas. Bernardo Monteagudo, preso en la Real Cárcel de la Corte de Chuquisaca por su participación en la revolución de 1809, se enteró del acercamiento del ejército y logró fugarse para poder unirse a sus filas. Castelli, que ya conocía los antecedentes de Monteagudo, no dudó en nombrarlo su secretario.
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Manuel Belgrano compartió con su primo Castelli la labor en el consulado y en el periodismo.

Instaló su gobierno en Chuquisaca, desde donde presidió el cambio de régimen en toda la región. Proyectó la reorganización de la Casa de Moneda de Potosí, planeó la reforma de la Universidad de Charcas y proclamó el fin de la servidumbre indígena en el Alto Perú, anulando el tutelaje y otorgándoles calidad de vecinos y derechos políticos iguales a los de los criollos. También prohibió que se establecieran nuevos conventos o parroquias, para evitar la práctica frecuente de que, bajo la excusa de difundir la doctrina cristiana, los indios fueran sometidos a servidumbre por las órdenes religiosas. Autorizó el libre comercio y repartió tierras expropiadas entre los antiguos trabajadores de los obrajes. El decreto fue publicado en castellano, guaraní, quechua y aimara; y también se abrieron varias escuelas bilingües. Festejó el 25 de mayo de 1811 en Tiahuanaco con los caciques indios, donde rindió homenaje a los antiguos incas, incitando a los pobladores a revelarse en contra de los españoles. Sin embargo a pesar del acogimiento recibido, Castelli era consciente de que la mayor parte de la aristocracia lo apoyaba debido al temor que les provocaba el ejército auxiliar, más que por un auténtico apoyo a la causa de Mayo.
Las órdenes recibidas de la Junta fueron ocupar con criollos todos los cargos de importancia, y quebrar la alianza entre la élite criolla y la española. Entre otras, se le ordenaba que no quede un solo europeo, militar o paisano, que haya tomado las armas contra la capital.
En noviembre de 1810 envió a la Junta un plan: cruzar el río Desaguadero, frontera entre ambos virreinatos, y tomar el control de las intendencias peruanas de Puno, Cuzco y Arequipa. Castelli sostenía que era urgente sublevarlas contra Lima, ya que su economía dependía en gran medida de dichos distritos y si perdía su poder sobre ellos, el principal baluarte realista se vería amenazado. El plan fue rechazado por considerárselo demasiado temerario y se le requirió a Castelli atenerse a las órdenes originales. Castelli obedeció lo ordenado.[]
En diciembre envió a 53 españoles al destierro en Salta y sometió la decisión a aprobación de la Junta. El vocal Domingo Matheu, que tenía tratos comerciales con Salvador Tulla y Pedro Casas, gestionó la anulación del acto, aduciendo que Castelli habría actuado influido por calumnias y acusaciones infundadas. "'(...) siento que por cuatro borrachones se tratase de descomponer una obra tan grande como la que tenemos para coronar (...)".En cambio, el doctor Juan Madera, integrante del ejército de Castelli, no compartió el criterio de la Junta: "(...) sucedió que fueron perdonados y mandados volver a Potosí por orden del gobierno de Buenos Aires contra el sentimiento de todos los buenos patriotas y con notable perjuicio de la causa pública; pues en el mes de mayo de 1811 formaron éstos una horrorosa conspiración, en que fueron sorprendidos en el lugar que llaman el Beaterio de Copacabana, habiendo hecho fuego y resistencia y estos individuos no se castigaron".
El apoyo a Castelli comenzaba a bajar, principalmente por el trato dado a los indios y la decidida oposición de la iglesia, que atacaba a Castelli a través de su secretario Bernardo Monteagudo y su público ateísmo. Tanto los realistas de Lima como los saavedristas en Buenos Aires los comparaban a ambos con Maximilien Robespierre. El Dean Funes los consideraba "esbirros del sistema robesperriano de la Revolución francesa".
Castelli también abolió la mita en el Alto Perú, un proyecto que era compartido por Mariano Moreno, pero por entonces Moreno ya había sido alejado de la Junta, que con la incorporación de los diputados del interior se transformó en la Junta Grande. Sin que Castelli estuviera en Buenos Aires para mediar entre ellos, las disputas entre morenistas y saavedristas habían recrudecido. La Junta le reclamaba a Castelli que moderara sus acciones, pero éste siguió adelante con las posturas que compartía con Moreno. Varios oficiales saavedristas — entre ellos José María Echaurri, José León Domínguez, Matías Balbastro, el padre capellán Manuel Antonio Azcurra y el sargento mayor Toribio de Luzuriaga — planearon secuestrar a Castelli y también a Balcarce, remitirlos a Buenos Aires para juzgarlos y otorgar el mando del Ejército del norte a Juan José Viamonte. Sin embargo, el propio Viamonte no se prestó a dicho plan cuando le fue informado por los complotados y no llegó a ejecutarse. Les escribió a Vieytes, Rodríguez Peña, Larrea y Azcuénaga solicitándoles que viajen al Alto Perú y que tras la derrota de Goyeneche marcharían sobre Buenos Aires, pero la carta fue enviada por el servicio de postas y el jefe de correos de Córdoba, don José de Paz, resuelve enviársela a Cornelio Saavedra.
Castelli, a su vez, tomo lugar en las batallas de las invasiones inglesas, y en el fusilamiento de Liniers.
El final de Castelli fue un tanto feo y en el mismo, nuestro prócer sufrió mucho. Murió de Cáncer de lengua en el año 1812

Weblografía:
http://www.centrocultural.coop/blogs/nuestramericanos/wp-content/uploads/2010/07/biograf-j-j-castelli.doc

http://www.historiadelpais.com.ar/biografias_argentina.php?bio=36

http://www.historiadelpais.com.ar/biografias_argentina.php?bio=36
http://www.alipso.com/monografias/2152_semanademayo/
http://es.wikipedia.org/wiki/Juan_Jos%C3%A9_Castelli

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