José Miguel de la Carrera y Verdugo nació en Santiago de Chile, Chile el 15 de octubre de 1785. Hijo de una aristocrática familia santiaguina la cual había logrado una importante fortuna con la mina de cobre del cerro de Tamaya. Su padre, Ignacio de la Carrera y Cuevas, era coronel de los ejércitos de Su Majestad y vocal de primera Junta Nacional de Gobierno, hijo de Juan Verdugo Castillo, y su madre, doña Paula Verdugo Fernández de Valdivieso y Herrera. Es el tercero de cuatro hermanos: Francisca Javiera, Juan José, y Luis Florentino Juan Manuel Silvestre de los Dolores. Casado con Mercedes Fontecilla Valdivieso, tuvo cinco hijos: cuatro mujeres y un hombre, José Miguel Carrera Fontecilla, padre del héroe del Combate de la Concepción, capitán Ignacio Carrera Pinto.
Jose_Miguel_Carrera_Verdugo.jpgJosé Miguel cursó estudios en el Colegio de San Carlos, donde fue compañero de Manuel Rodriguez Ordaiza. Sus arrebatos lo llevaron a enfrentar, antes de cumplir los 18 años, tres procesos criminales por hechos punibles en que se había involucrado. A los 9 años ingresó como cadete en el regimiento de milicias de caballería “El Príncipe”, en la cual mandaba su padre, donde a los 12 años ya era alférez y alcanzó en breve tiempo el grado de teniente. Aunque su padre quería que se dedicara al comercio él tenía un carácter impetuoso. Su padre por sus aventuras amorosas en Santiago y El Monte lo mandó a Lima con solo 17 años a cargo de su tío materno José María Verdugo para que aprendiera el oficio de comerciante, iniciativa q no prospera, hasta que es arrestado por las mismas razones por las que arribó a Perú y reembarcado hacia Chile en la fragata Castor. Luego es enviado a España, en el año 1806.
En Madrid se enrola en los Voluntarios de Madrid y los Húsares de Farnesio, organizaciones del ejército español que luchan contra Napoleón. Hizo las campañas de 1808, 1809 y principios de 1810, participando en más de veinte hechos de armas, siendo los principales la ocupación de Mora, retirada de Consuegra, combates de Yébenes y en las acciones libradas en río Guadiana en la Batalla de Talavera y la de Ocaña, en cuya retirada fue herido el 19 de noviembre de 1809 y debió ser trasladado a Cádiz para su restablecimiento en 1810, allí entró en contacto con el fuerte liberalismo de que estaba impregnado el clima ciudadano, con motivo de la convocatoria a Cortes Constituyentes y conoció a José de San Martín y Carlos María de Alvear. También conoce allí a varios americanos opositores a la monarquía española y que esperan participar de las luchas emancipadoras. Condecorado con la Cruz de Talavera, ascendió a Sargento Mayor del Regimiento de Húsares de Galicia.
Conocedor de los acontecimientos políticos ocurridos en Chile, solicitó la correspondiente autorización para regresar a su tierra natal.
Pese a argumentar como motivo la precaria salud de su padre, la petición despertó algunos recelos entre los españoles, pues la participación de Ignacio de la Carrera en la Primera Junta era un hecho conocido. José Miguel fue apresado, pero a los pocos días fue puesto en libertad al no encontrarse entre sus papeles nada comprometedor. En abril de 1811 se embarcó rumbo a Valparaíso, puerto al que llegó a fines de julio en el Standard”, navío ingles.
Al momento de su arribo al país, la situación política era compleja, por cuanto diversos grupos políticos se disputaban el control del Primer Congreso Nacional, contrariando las pretensiones de los sectores más radicales. Sus hermanos Juan José y Luis lo pusieron al tanto de los pormenores del proceso que se vivía. Realiza su primer golpe de Estado el 4 de septiembre de 1811 con el fin de remover a funcionarios, formar una nueva Junta ejecutiva y reducir el número de diputados por Santiago poniendo a la cabeza del gobierno a miembros de la familia Larraín. El Congreso pasó a ser dominado por la familia de los Ochocientos, redactando este organismo el Reglamento para el Arreglo de la Autoridad Ejecutiva Provisoria de Chile, de 1811. Se creó una tercera provincia: Coquimbo; se dictó la Ley de Libertad de Vientres y se creó el Tribunal Supremo Judiciario reemplazando a la Real Audiencia; se suprimió también el envío de fondos al Tribunal del Santo Oficio. Así, el Congreso quedó bajo el control de quienes aspiraban a la independencia y se constituyó una nueva Junta de Gobierno, afín a estas ideas.
Las disputas entre los líderes políticos y los caudillos militares continuaron, lo que impulsó a José Miguel a dar un segundo golpe el 15 de noviembre de 1811, entregando el poder a una Junta integrada por él en Santiago, a Gaspar Marín en Coquimbo y a Juan Martínez de Rosas en Concepción.
Este último, que se encontraba ausente fue reemplazado temporalmente por Bernardo O'Higgins. Al poco tiempo, Marín y O'Higgins renunciaron, y Carrera, dueño de la situación, disolvió el Congreso pretextando una conspiración en su contra. Lo cual casi desencadena la guerra civil. La mediación de Bernardo O'Higgins Riquelme evitó el conflicto.
El 2 de diciembre de 1811 José Miguel se pone al mando de la situación, disolviendo el Congreso y organizando un ejecutivo unipersonal que lo consagraba como máxima figura política del país. El gobierno de Carrera se caracterizó por numerosas obras de adelanto para la nación, de las cuales se destaca la creación del primer periódico nacional “La aurora de Chile” redactado por Camilo Henríquez y que difunde las ideas independentistas; establece relaciones diplomáticas con Estados Unidos e incluso recibió al primer embajador estadounidense en Chile Joel Robert Poinsett, quien era gran amigo de los Carrera; promulgación de la primera Constitución Política, denominada "Reglamento Constitucional de 1812" la cual daba a Chile su "Imperium", o sea, la facultad de nombrar y ser gobernado por las autoridades que libremente eligiera; se preocupó de la enseñanza y para ello dispuso que los monasterios tuvieran escuelas gratuitas de hombres y mujeres; se crea el Instituto Nacional; se establece la formación de la Biblioteca Nacional; dispuso el mejoramiento de los hospitales de Santiago y la creación de un hospital Militar; fundó la Escuela de Granaderos, base para la futura Escuela Militar; trajó al primer fabricante de tejidos, la iluminación nocturna y reparación de calles; también se crea la primera bandera y escudo nacional; se establecen industrias de tejidos y el hermoseamiento de la Alameda de las Delicias.
Otra de las obras de Carrera, en la que los historiadores usualmente no han reparado, es que fue él quien impuso el 18 de septiembre como festividad, no sólo en reconocimiento del primer paso en el proceso de independencia, sino como forma de realzar el espíritu nacionalista de los ciudadanos chilenos.
El virrey Fernando de Abascal, después de asentar su autoridad en el Alto Perú y en Quito, quiso someter a los patriotas chilenos y argentinos a través de las armas. Para ello, el ejército de Alto Perú avanzaría sobre Tucumán, mientras un ejército organizado en el sur de Chile se dirigiría contra Santiago. El primero que lograra su objetivo debería auxiliar al otro, cruzando la cordillera de los Andes.
Cuando la expedición enviada por el Virrey en marzo de 1813 a cargo del Brigadier Antonio Pareja, puso en peligro la organización del país, José Miguel Carrera asumió el puesto de General en Jefe del Ejército. Antonio Pareja , desembarcó en Chiloé, en su paso por Valdivia se le unieron tanto las tropas apostadas como su población, por lo cual ya avanzaba con una división de más de 2.000 hombres, con los que zarpó para el norte. Después de desembarcar en la bahía de Talcahuano, las guarniciones de Concepción y de Chillán se pasaron a sus filas y su fuerza se elevó así a más de 5.000 combatientes. Tenía además, de su parte, a la mayoría de la opinión pública de la región, irritada a causa de haber quedado muy empobrecida por las contiendas entre rocistas y carrerinos en 1812.
Ante el avance de Pareja, Carrera logró concentrar sus tropas -formadas por 4.600 hombres- en Talcahuano, donde fue apoyado por Juan Mackenna y Bernardo O’Higgins. Los enfrentamientos contra el ejército realista se realizaron en Yerbas Buenas, San Carlos, Talcahuano y Chillán. El fracaso sufrido en la batalla librada en Chillán, fue el motivo por el cual la Junta de Gobierno removió a Carrera de su cargo de comando del Ejército, y en su lugar colocó al Brigadier Bernardo O’Higgins.
Una vez entregado el mando en Concepción. El 3 de marzo de 1814 al dirigirse a Santiago, José Miguel y su hermano Luis, fueron capturados por los realistas y mantenidos prisioneros en Chillán.
En el intertanto, se había producido la restitución del Rey Fernando VII al trono y el Director Supremo de Chile, Francisco De La Lastra, a instancias del Comodoro inglés James Hillyard, negoció el Tratado de Lircay con las fuerzas realistas. En el pacto se especificó, entre otras medidas, que los prisioneros de guerra serían liberados. Sin embargo, esto no se aplicó a los Carrera debido a que el gobierno estimaba que su presencia en Santiago podría acarrear inestabilidad política. Los dos hermanos se fugaron de su reclusión en Chillán contando, seguramente, con la complicidad de sus custodios.
José Miguel aprovechando el desprestigio en que habían caído las autoridades de la capital con motivo del pacto celebrado con el enemigo y con el auxilio de jefes militares de la ciudad, acaudilló un movimiento revolucionario que al amanecer del 23 de julio de a través de un tercer Golpe de Estado asumió el poder. Tras la destitución del gobierno encabezado por De La Lastra, se realizó un cabildo abierto que designó una junta de gobierno integrada por Carrera, el sacerdote Uribe y Muñoz Urzúa. La junta desterró a Mendoza a muchos miembros de la familia de los Ochocientos, como Mackenna e Irisarri, lo que contribuyó a ahondar la división de los patriotas. Esta actitud provocó una nueva fisura entre los revolucionarios, pues O'Higgins rechazó su proceder y avanzó con sus tropas desde el sur hacia Santiago, enfrentándose ambos bandos en el combate de las Tres Acequias, ocurrido en agosto de 1814, Tras la derrota de O'Higgins este se marcha al sur.
Lo que ni Carrera, ni O'Higgins imaginaban era que el Virrey del Perú, Fernando de Abascal, también rechazaba el tratado y enviaba una fuerza militar al mando del general Mariano Osorio y debieron aliarse nuevamente para así salvar la revolución. Tras reorganizar al ejército realista, este derrotó a la división comandada por O'Higgins y Carrera en Rancagua, en octubre de 1814. Si bien Carrera planeó permanecer en el país y resistir a toda costa, los hechos lo obligaron, al igual que a la mayoría de los independentistas, a trasmontar Los Andes y buscar refugio en la ciudad de Mendoza.
La decidida intervención de José de San Martín, gobernador de la provincia trasandina, quien, el 30 de octubre de 1814, ordenó la ocupación del cuartel de San Agustín donde se concentraban los hombres de Carrera, puso orden entre las tropas chilenas emigradas.
José Miguel partió a Buenos Aires, donde tampoco encontró buena acogida, por lo que decidió embarcarse hacia Estados Unidos. Tras grandes esfuerzos y contando con la ayuda de Joel Robert Poinsett, quien se había desempeñado como agente consular norteamericano durante su gobierno, Se entrevistó con el Presidente James Madison y con muchas otras personalidades influyentes, y gracias a la ayuda que le dispensó el Comodoro David Porter y los miembros de la Logia San Juan, a la que ingresó en Nueva York, se contactó con la firma Darcy y Didier consiguiendo dinero, comprando armas, reclutando oficiales y equipando una pequeña flotilla de 4 naves.
En febrero de 1817, José Miguel Carrera recaló en Buenos Aires en una corbeta llamada "Clifton", cuando el Ejército Libertador de San Martín y O'Higgins luchaban en Chacabuco ya comenzada la campaña del cruce de Los Andes. Carrera no tenía cabida en esos planes y el Director Supremo transandino, el brigadier Juan Martín de Pueyrredón, quien confiscó las embarcaciones las cuales jamás llegaron a vestir el pabellón chileno y lo puso en prisión. Al poco tiempo logró huir convenciendo al comandante Manuel de Monteverde que se realizaba una injusticia y se asiló en Montevideo recibiendo la protección del General portugués Carlos Federico Lecor.
Allí logró recuperar una imprenta que había traído desde Estados Unidos, con ella se estableció bajo la razón de William P. Grinswold y John Sharpe, y desde aquí envió escritos a Chile y Buenos Aires. En ella también imprime su " Manifiesto a los pueblos de América y a su Patria" el cual es escribe después de enterarse que sus hermanos Juan José y Luis fueron fusilados el 8 de abril de 1818, tres días después de la batalla de Maipú, en Mendoza, por orden del Gobernador Toribio Luzuriaga y por Bernardo Monteagudo. Allí sufrió un gran desequilibrio mental, en sus cartas a su hermana Doña Javiera Carrera, después de estos hechos se encuentran siempre estas palabras, "venganza", "sangre", etc. Fue redactor de “El Hurón”, en él da a conocer el proceder público y secreto del Gobierno de Buenos Aires por parte del Director Supremo de las Provincias Unidas del Río de la Plata Pueyrredón, San Martín, del Congreso de las Provincias Unidas y de la Logia Lautarina; y los denuncia como enemigos de la causa americana. Desde Buenos Aires se le respondía a través de “La Gaceta”, y desde Santiago, por medio de “El Duende”.
José Miguel Carrera debió abandonar Montevideo debido a las presiones ejercidas por el gobierno argentino sobre la Corte Real de Río de Janeiro, la Banda Oriental, es decir el Uruguay, estaba ocupada por fuerzas portuguesas, para expulsarlo del territorio. Sumado a que las autoridades de Buenos Aires pidieron al Gobierno de Montevideo su expulsión y entrega, sin embrago, es ayudado a huir para salvarse. De Uruguay vieja a Entre Ríos.
Comprendió que mientras subsistiera la alianza política entre los gobiernos de Buenos Aires y Santiago, su causa no podría prosperar. Por ello, decidió alentar las disputas que existían entre unitarios y federalistas en las provincias argentinas. Entró en alianza con los caudillos Francisco Ramírez, de Entre Ríos, y Estanislao López, de Santa Fe. Juntos, planificaron el ataque contra los unitarios obteniendo un gran triunfo en la batalla de Cepeda, el 1 de febrero de 1820, destruyó a las tropas porteñas y los caudillos entraron vencedores en Buenos Aires. Carrera había obtenido su objetivo y además sus escritos habían causado la caída de Pueyrredón, el Congreso se encontraba disuelto y la Logia Lautarina se había convertido en los Caballeros de América el día siguiente. Con ello, se pone fin a la Constitución unitaria de 1819, y consagra el régimen federal en Argentina. En reemplazo de Pueyrredón asumió Manuel de Sarratea, amigo de Carrera, quien se comprometió a ayudarlo para regresar a Chile con el fin de recuperar el poder.
Poco tiempo después, Sarratea fue substituido por Manuel Dorrego, y este por el general Martín Rodríguez quien logró llegar a un entendimiento con López. Carrera quedó prácticamente solo, corría noviembre de 1820, junto a un grupo de soldados chilenos que lo acompañaban y varios indígenas, se internó en las pampas con la esperanza de poder cruzar la cordillera, hacia Chile, con el lema “Federación o Muerte”. Para ello debía atravesar territorios gobernados por caudillos que aspiraban a ganar fama y dinero entregándolo a las autoridades bonaerenses.
Un año más tarde y desde la localidad de Rosario escribe a su hermana Javiera.
A causa del Tratado de Benegas, suscrito entre López y el Gobernador de Buenos Aires, Carrera nuevamente debe huir hacia el sur y refugiarse con sus escasas fuerzas en las tolderías de los indios Ranqueles, indígenas que lo designan su Pichi Rey.
Dos meses estuvo en las tolderías de los Ranqueles y a comienzos de febrero de 1821 se puso en movimiento hacia San Luis, buscando el camino hacia Chile. Solicitó paso a los Gobernadores de Córdoba y San Luis y éstos respondieron movilizándose contra él. Obligado a combatir, venció al Gobernador de Córdoba, General Juan Bautista Bustos, en Chajá y al Coronel Luis Videla con las fuerzas de San Luis en la Ensenada de las Pulgas y ocupó la capital de la provincia. Desde San Luis inició una nueva campaña para unirse al General Francisco Ramírez, y emprender una acción contra Buenos Aires. El nombre de José Miguel Carrera llenaba la pampa y todos deseaban su destrucción. La campaña con Ramírez fracasó y Carrera se retiró hacia el oeste y retomó a San Luis después de derrotar a las fuerzas de Mendoza, en el sangriento combate, realizado solo con armas blancas, en Río Cuarto.
Después de éxitos y fracasos en sus luchas en las Provincias Unidas, se malogra su intento de abrirse paso hacia Chile, y pernota en la Punta de Médano, San Juan. La retirada hacia Jocolí terminó con la traición del Comandante cordobés Manuel Arias, quien entrega a José Miguel Carrera, José María Benavente y Felipe Álvarez, al coronel mendocino José Albino Gutiérrez, quien los toma prisioneros y los traslada hasta Mendoza para que sean juzgados. El 3 de septiembre de 1821, un consejo encabezado por Tomás Godoy, Gobernador de Mendoza y amigo de José de San Martín, decreta la pena de muerte para Carrera y Álvarez, estableciendo que su muerte se efectuaría a través de un fusilamiento que tendría que llevarse a cabo al día siguiente en la plaza de armas de la cuidad. Las causas principales del fusilamiento del mismo Carrera fueron las tremendas "montoneras" que comandó junto a sus laderos y su alianza con los indios. Al respecto, siempre con la mente puesta en pasar a Chile para recuperar el poder, celebra parlamento con los indios, los cuales le dicen que la única manera en que los mismos lo acompañarían y apoyarías sería si el, Carrera, los acompañaba con sus tropas a saquear la ciudad de Salto.
Antes de su ejecución José Miguel pidió papel, tinta y una pluma para poder escribir. La carta para su mujer la hizo en una esquela que escondería dentro de su reloj y ella decía: "Sótano de Mendoza. Mí adorada pero muy desgraciada Mercedes: Un accidente inesperado y un conjunto de desgraciadas circunstancias me han traído a esta situación triste, ten resignación para escuchar que moriré hoy a las once. SI, mi querida, moriré con el solo pesar de dejarte abandonada con nuestros cinco hijos, en país extraño, sin amigos, sin relaciones, sin recursos. Más puede la Providencia que los hombres. No sé por qué causa se me aparece como ángel tutelar el oficial Olazábal con la noticia de que somos indultados y que vamos a salir en libertad con mi buen amigo Benavente Y el viejecito Álvarez que nos acompaña.
Miro con indiferencia la muerte, sólo la idea de separarme para siempre de mi adorada Mercedes y mis tiernos hijos, despedaza mi corazón.
A Dios! A Dios!".
La segunda carta la destinó a su amigo español, Francisco Martínez Nieto. Sin embargo, este nunca la recibió, ya que el sacerdote de apellido Lamas se la entregó a Tomás Godoy, quien se la hizo llegar a Bernardo O'Higgins junto con el morral y el su "Diario de Guerrillas".
Tiempo después se conoció el contenido de la carta, la cual expresa: "Hoy, antes de las 12 seré víctima en la Plaza. Fui entregado por mis soldados después de la derrota del 31. Apenas me dejan tiempo para recomendar a Ud. mi desgraciada familia aislada y sin recursos, en un país desconocido con cinco hijos; toque Ud. todos los recursos imaginables para atenderla y consolarla: hable Ud. a todos los amigos; hágala conducir a Montevideo y de allí, si hay permiso, a su país, donde quizás consiga la devolución de sus bienes
José Miguel Carrera."
Conducido a la plaza de Mendoza a mediodía del 4 de septiembre de 1821 y a los 35 años, fue pasado por las armas junto con el coronel Felipe Alvarez y el soldado Monroy, bajo el cargo de "alucinar con el sistema de la Federación". Carrera recibió la descarga de pie, mientras su mano derecha sostenía un pañuelo entregado por su esposa sobre el corazón diciendo “Muero por la libertad de América”.
Como una expiación por lo sucedido, el Gobierno de Chile hizo grabar sobre su tumba, en la nave izqierda de la Catedral de Santiago: "A LOS PADRES DE LA REPUBLICA DE CHILE
DOÑA JAVIERA CARRERA VERDUGO (madre de la patria)
GENERAL JOSE MIGUEL CARRERA VERDUGO
BRIGADIER JUAN JOSE CARRERA VERDUGO
CORONEL LUIS CARRERA VERDUGO
LA PATRIA A LOS CARRERA, AGRADECIDA DE SUS SERVICIOS Y COMPADECIDA DE SUS DESGRACIAS"; y en la nave derecha, descansan los corazones de los más grandes héroes del ejército de Chile, en la Guerra del Pacifico (1879-1884), muertos heroicamente en el Combate de la Concepción en la Sierra Peruana, el jefe de estas fuerzas era el CAPITAN IGNACIO CARRERA PINTO, nieto del General José Miguel Carrera Verdugo.

VIDEOS MUY UTILES PARA COMPRENDER LA VIDA DE JOSE MIGUEL DE LA CARRERA Y VERDUGU


































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