Hipólito Vieytes


external image vieytes.gif Juan Hipólito Vieytes nació en San Antonio de Areco, provincia de Buenos Aires; estudió filosofía y derecho en el Colegio de San Carlos. Fue periodista, economista, líder y funcionario de la independencia.

En 1801 se editó el Telégrafo Mercantil, Rural, Político, Económico e Historiógrafo del Río de la Plata por obra de Antonio Cabello y Mesa, publicación en la que se destacaron Manuel Belgrano, Juan José Castelli, Manuel Medrano, Domingo de Azcuénaga, el deán Gregorio Funes y Pedro Cerviño. En 1802 fue clausurado por la censura, habiendo alcanzado su colección los 110 números y 4 suplementos.
Poco después salía a la luz desde la misma imprenta el Semanario de Agricultura, Industria y Comercio por obra de Juan Hipólito Vieytes. Durante casi cinco años fue un órgano de defensa del desarrollo agrícola y el libre cambio y dejó de aparecer por la invasión a Montevideo, donde los ingleses editaron durante su permanencia The Southern Star (La Estrella del Sur) en edición bilingüe.
A través de sus lecturas Juan Hipólito Vieytes se convirtió en una autoridad en las ciencias agrarias y políticas; publicó el Semanario de la Agricultura, Industria y Comercio desde el 1° de septiembre de 1802 hasta el 11 de febrero de 1807; en él fomentó el desarrollo agrícola y el libre comercio.
Vieytes luchó contra los ingleses como capitán de la milicia pero la difusión de las ideas británicas de libre comercio en el Río de la Plata reforzaron las que Vieytes y Belgrano ya habían expresado; en esa época estableció una fábrica de jabón en Buenos Aires, en sociedad con Nicolás Rodríguez Peña; también pasó a ser muy activo en la sociedad patriótica secreta que se reunía a menudo en su fábrica.
Con otros integrantes de este grupo, intentó utilizar a Carlota Joaquina para lograr la autonomía del Río de la Plata; asistió al cabildo abierto del 22 de mayo de 1810 y votó con entusiasmo a favor de la deposición del virrey Baltasar Hidalgo de Cisneros; acompañó al primer ejército patrio, comandado por Ortiz de Ocampo.
Enviado al Alto Perú, como auditor de guerra y representante de la junta, cuando intentó persuadir a la junta para que revocara sus órdenes de ejecutar a los conspiradores en Córdoba, fue reemplazado por Juan José Castelli quien ordenó la ejecución de inmediato.
Regresó a Buenos Aires y fue nombrado secretario de la Primera Junta para cubrir el lugar que antes ocupaba Mariano Moreno.
Sobrevivió apenas cinco años á la revolución de Mayo, no obstante, tuvo en ella una parte muy principal. El Deán Funes le coloca en la lista de aquellos "hombres atrevidos en quienes el eco de la libertad hacia una impresión irresistible". La casa del Dr. Vieytes en la calle de Venezuela, (dice un testigo presencial) servia frecuentemente de punto de reunión á los iniciados en el pensamiento de formar un gobierno independiente de la antigua metrópoli.
Fue repuesto en las jornadas del 5 y 6 de abril de 1811 y recluido en Luján; cuando tomó el poder el Primer Triunvirato en septiembre de ese año, lo dejaron volver a Buenos Aires; fue uno de los jueces de la comisión designada para juzgar a Martín de Álzaga y otros líderes de la conspiración de julio de 1812.
También fue miembro del Tribunal de Apelaciones; junto con Juan Larrea, redactó el reglamento policial y fue jefe de Policía; representó a Buenos Aires en la Asamblea General Constituyente de 1813; se desempeñó como su secretario y participó del comité que presentó un "proyecto de constitución" a la asamblea.
Vieytes fue víctima de la crisis política que resultó de la destitución de Alvear en 1815; junto con Rodríguez Peña, Monteagudo, Valentín Gómez y otros que habían apoyado a Alvear, fue desterrado; aunque Álvarez Thomas suspendió la sentencia porque Vieytes estaba delicado de salud y murió en San Fernando a los pocos meses.
external image vieytes-jaboneria.jpg?w=295&h=247 external image vieytes_dibujo_200.jpg Dibujo de Juan Hipólito Vieytes
Vieja jabonería de Hipólito Vieytes

¿Qué rol jugó en la Revolución la jabonería de Vieytes?
De Privitellio dice que entre las costumbres del período "tardocolonial", se encuentra el de las tertulias, reuniones en los salones de las casas privadas en las que se conversaba largo y tendido sobre temas varios.
Este tipo de reuniones, por cierto, involucraba a sectores acomodados de la sociedad.
"A medida que la política irrumpe en la capital virreinal como una actividad novedosa (consecuencia a la vez de las Invasiones Inglesas y de la crisis de la corona española), estas prácticas de sociabilidad también se politizan".
La fábrica de jabón, que pertenecía a Juan Hipólito Vieytes y Nicolás Rodríguez Peña, se convirtió en la sede de las reuniones de aquello que desde 1809 comenzó a ser llamado "partido patriota".
La jabonería estaba en Tacuarí y Venezuela, y por allí desfilaban los patriotas, tejiendo ya las redes de la futura revolución. Otro lugar de tertulia y conspiración fue la casa de Rodríguez Peña. Pero no son éstos los únicos lugares de sociabilidad que se politizan.
Otro lugar es "el café de Marco, donde se juntaban los jóvenes intelectuales, casi todos ellos alumnos del colegio San Carlos, que no por casualidad quedaba frente al café.
Y señala De Privitellio: "En este lugar, que a diferencia de los anteriores era público, se fue conformando la idea de la existencia de una verdadera ''opinión pública'', otra notable novedad para la ciudad de Buenos Aires.
Ciertamente, todos ellos eran partidarios de la facción más extrema de los revolucionarios, aquellos que luego serán identificados como morenistas.

A Saavedra, este café le parecía tan peligroso, que luego de los acontecimientos del 5 y 6 de abril de 1811 (una movilización popular en apoyo del Presidente de la Primera Junta, y en contra de los morenistas), ordenó a Juan Bautista Bustos que lo cerrara, y se detuvo a varios de los asistentes".
Se lo recuerda porque fue un político y un pensador esclarecido que no se dejó arrastrar por las vanidades del poder.

Vieytes el desterrado (Sudamericana), fue la novela histórica del periodista y escritor Francisco N. Juárez, que se propone reparar ese olvido. El libro narra, en primera persona, la historia del prócer, quien agoniza en el pueblito de San Fernando de la Buena Vista a pocas leguas de Buenos Aires. El derrocamiento del director supremo Carlos de Alvear ha llevado a Vieytes, uno de sus principales colaboradores, al destierro. Su padecimiento es comparable a los de otros actores del año diez: Moreno, fallecido en forma sospechosa cuando viajaba a Londres; Saavedra, su adversario, desterrado; Belgrano, enjuiciado y empobrecido; Castelli, procesado...

En sus días finales, castigado por las fiebres, Vieytes evocó los años lejanos de la juventud, cuando rompió con su padre y descartó la carrera de jurisprudencia "por haber comprendido que no satisfacía a su manera de ver ni pensar". Se marchó de Buenos Aires a buscar fortuna en el Potosí, pero no logró hacer dinero. Fue entonces que leyó a diversos filósofos y economistas, y trabó amistad con otros americanos de ideas ilustradas y liberales, como las suyas. Desterrado, años más tarde, el castigo incluyó el secuestro de su valiosa biblioteca.
Sus conocimientos, combinados con la incipiente inquietud patriótica, determinaron que Vieytes, a su regreso del norte, se contara entre los divulgadores de la teoría económica de la fisiocracia, que valoriza el papel de la agricultura en la economía. En el Semanario (1802) difundió una serie de proyectos para el aprovechamiento de las industrias rurales del Río de la Plata.
Diversos fantasmas visitan la habitación del moribundo. El del virrey Liniers, puesto que Vieytes, como secretario político de la columna militar que marchó a Córdoba con orden de reprimir a los rebeldes, tuvo participación en su trágico final. También vuelven las invasiones inglesas, cuando era capitán de patricios, y los odiados saavedristas que persiguieron a Moreno. Otros capítulos, de tono costumbrista, se refieren a la vida cotidiana en la campaña de Buenos Aires, la vida religiosa y familiar. Interesa la revalorización del Alto Perú en la formación de los hombres de la generación de Mayo.
Esta novela histórica bien documentada apela a los recursos imaginativos del género, pero sin abusar de ellos. No se ocupa de amoríos secretos ni de escándalos, porque al parecer no los hubo. Insiste en cambio en los aspectos trascendentes de la vida de Vieytes, cuya casa "era el taller de los americanos que aspiraban a su libertad". Por cierto que el autor se empeña en utilizar un lenguaje posible, sobre la base de los textos de principios del siglo XIX. Sin embargo, sería de desear que el libro incluyera alguna bibliografía, para facilitar que el tema pueda ser profundizado. Una investigación de Héctor Adolfo Cordero Banegas, Juan Hipólito Vieytes, San Fernando, 1997, resulta útil.external image casa_hipolito_vieytes.jpg external image 4912547-vieytes_390.jpg
Casa de Hipólito Vieytes


Bibliografía:

http://www.todo-argentina.net/biografias/Personajes/juan_hipolito_vieytes.htm
http://www.patagonianexo.com.ar/ficha_muestra.php?tabla=cultura&nro_not=15
http://es.wikipedia.org/wiki/Hip%C3%B3lito_Vieytes
http://www.caletao.com.ar/his/arg/25mayo/mitosyver.htm
http://edant.clarin.com/suplementos/zona/2001/04/01/z-01101.htm




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